Los butrones y la "economía real"

19.09.2016 | 04:15

A unque nunca habían desaparecido del todo, parecía que los butroneros estaban condenados a pasar a la historia. En un mundo donde el dinero de plástico es ya lo habitual y se va a extender pronto pagar mediante el móvil, el butrón parecía una técnica condenada a desaparecer: ya no habría botín que robar.

Sin embargo algunos de los robos más destacados se han hecho con esta técnica, desde los saqueos de las antiguas tumbas egipcias al mayor robo perpetrado en Brasil: el del Banco Central del Estado de Ceará, donde se llevaron en un fin de semana más de 50 millones de euros tras excavar un túnel de 80 metros. Pero seguramente muchos recordarán esta técnica por la divertidísima película de 1958 ´Rufufú´, de Mario Monicelli, con Marcelo Mastroianni, Totó y compañía. Los ladrones calculan mal la distancia del túnel e irrumpen en una casa particular y, ya puestos, se ponen a comer en la cocina las lentejas sobradas. Sin duda no hay mal que por bien no venga.

Pero por qué los butrones, aparentemente condenados a extinguirse, pueden volver. El motivo no es el estado de necesidad en que la crisis ha dejado a buen número de personas. Si todo el mundo que atraviesa una etapa difícil decidiera hacer un butrón, España hace tiempo que parecería un queso gruyere. No, el motivo es otro muy distinto.

Durante la época de ´bonanza´ los bancos se dedicaron a prestar dinero sin freno, alimentando la especulación, tanto la inmobiliaria como otras. Pero con la crisis que ellos mismos provocaron se han vuelto –salvo respecto a los pluses de sus directivos, que es historia aparte– celosos guardianes de su dinero, que ahora no quieren soltar, precisamente cuando más necesario sería que lo hicieran.

Con una inflación casi nula o negativa, los tipos sorprendentemente bajos y una economía sin crecimiento, el Banco Central Europeo decidió hace algunos meses cobrar intereses por los depósitos de dinero de los bancos para incentivar así los préstamos bancarios y promover la inversión y el crecimiento. Pero el resultado no ha sido el esperado: algunos bancos, particularmente los alemanes, han decidido que más barato que pagar intereses por tener su dinero en el BCE es guardarlo en cámaras acorazadas. Así que cuando ya nadie lo esperaba van y regresan las grandes acumulaciones de dinero, ese dinero físico que iba a pasar a la historia y que ahora vuelve a atesorarse celosamente bajo tierra. Tan sólo el Commerzbank, el segundo banco alemán, declaró hace unos meses a la Agencia Reuters que planeaba acumular de este modo ¡varios miles de millones de euros!

Obviamente, esta noticia se ha extendido rápidamente por los bajos fondos y un botín de tales dimensiones ha despertado de su letargo a los viejos butroneros. Sin embargo, no todos tendrán la debida experiencia, por lo que es posible que les pase lo que a los ladrones de Rufufú: que calculen mal la distancia del túnel, aunque en esta ocasión probablemente acaben en una casa embargada, un banco de alimentos, un centro para refugiados o una oficina del paro.

Sé poco de economía y quizás por ello todo esto resulta tan paradójico a ojos de un lego. En plena fiesta especulativa los bancos se dedicaron a prestar dinero a diestro y siniestro en un ejercicio de irresponsabilidad del que todavía no nos hemos recuperado. Y ahora, cuando más falta haría que fluyera el dinero para fomentar la inversión y el crecimiento de la economía real, lo acumulan celosamente bajo tierra.

No cabe felicitarse aquí de la vuelta de los butroneros. Si lo hiciera, el periódico se inundaría de cartas de lectores bienpensantes quejándose de un artículo en el que se celebra a delincuentes, por mucho que actúen sigilosamente y en fin de semana. Pero por suerte puede traerse a colación a uno de los primeros padres de las economía moderna, Bernard de Mandeville, que a comienzos del XVIII enunció aquello de «vicios privados, virtudes públicas´» O sea, que la economía crece no pocas veces no por la acción de las ´virtudes´ –como atesorar el dinero a la espera de tiempos mejores–, sino del vicio, como hacer túneles y gastar el dinero obtenido, aunque sea de formas poco confesables, pero que a la postre hacen circular el dinero y crean trabajo.

Así que sin poder expresarlo abiertamente ya que sonaría mal, podemos dejar apuntado que quizás la vuelta de los butroneros no sea tan mala, sobre todo si calculan bien sus túneles: sacarán así el dinero de las cámaras mortuorias del tesoro, lo harán circular y eso contribuirá a poner la economía productiva nuevamente en marcha. Los butroneros convertidos así en los nuevos promotores de la economía real: ¡quién podía imaginarlo!

Por extraño que nos resulte a los legos, la economía capitalista en la que vivimos y que tantos se desviven en elogiar una y otra vez tiene al parecer estas cosas tan singulares. Habrá que estudiarla más.

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