25 de septiembre de 2016
25.09.2016

El error óptico de Savater

25.09.2016 | 18:35

El polarizado debate sobre los Acuerdos de paz entre el Gobierno colombiano y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) que se firman hoy en Cartagena de Indias y se someterán al refrendo ciudadano el 2 de octubre, ha generado imprevisibles alineaciones en España: Mario Vargas Llosa con el SI (convencido por Héctor Abad Faciolince) y Fernando Savater con el casi NO (¿vencido por Alvaro Uribe?), expresadas en sendos artículos publicados en la prensa nacional.

El de Savater, titulado Para lelos (EL PAÍS, 17/09/2016), tiene afirmaciones alejadas de la finura crítica y mesura didáctica de sus textos sobre filosofía o educación. Por ejemplo: El acuerdo trae importantes beneficios (€.), pero también comporta maleficios indudables, como la equiparación entre una democracia (con defectos como EEUU, Suecia o España) y una banda de narcotraficantes secuestradores (€.).

Que la paz es asunto de todos y todos somos responsables de ella (aunque haya algún beneficiario inconsciente), es una verdad fácil, bella y feliz, aceptada por tirios y troyanos en Colombia y todo el mundo; pero es una media verdad, poco útil para no decir contraria a la construcción efectiva de la paz, si no se acompaña del reconocimiento y re-sentimiento de la otra parte, de la verdad difícil, fea y dolorosa: La guerra es asunto de todos y todos somos responsables de ella (aunque haya muchas víctimas inocentes) por activa o por pasiva, por hechos o dichos, lo que equivale en clave evangélica, a pensamiento, palabra, obra u omisión.

Obviamente y en ambas partes, no todos somos responsables de la misma manera. En el caso de la guerra, algo o mucho va (nunca nada) de la cúpula de los ejércitos a la tropa. De las multinacionales (alguna española) que fabrican las armas y las corporaciones o mafias que las comercializan, a los grupos legales o ilegales que las utilizan. De los que han lanzado proclamas incendiarias en parlamentos o campamentos, a los que han bombardeado iglesias o caseríos, y quienes hemos visto todo ello impasibles o conmovidos pero cómodamente sentados ante el televisor. De los que cultivan, venden o consumen drogas ilícitas con las que se ayuda a financiar la guerra (no sólo la guerrilla); pero no sólo la guerra sino también la paz, mientras el narcotráfico siga vivo en todos los sectores de la sociedad colombiana y mundial, armados o desarmados, ateos o creyentes, ricos o pobres, reaccionarios o revolucionarios.

Este reconocimiento y re-sentimiento se echa en falta en el artículo de Savater; porque llamar a las FARC banda de narcotraficantes secuestradores, es una verdad a medias. Las FARC, el ELN y otros grupos guerrilleros (como el M-19) ciertamente han traficado y secuestrado para financiarse, pero también son o fueron grupos de revolucionarios con ideales de justicia y paz respetables incluso por quienes, sin compartir nunca la lucha armada, tuvimos la oportunidad de conocer cercanamente a guerrilleras y guerrilleros nobles y generosas/os.

Ignorar esto no permite entender, por ejemplo, por qué Suecia (una de las democracias a las que alude Savater) fue santuario de guerrilleros durante décadas; por qué México, sin guerrilla, es azotada por el narcotráfico y el secuestro; por qué hubo falsos positivos (criminales secuestros militares) en tiempos del presidente Uribe y el ministro Santos; o por qué podemos aplicar en muchos escenarios -con las obvias salvedades-, las duras palabras del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, en su discurso de despedida ante la Asamblea General, sobre la guerra en Siria. Algo o mucho va (nunca nada) de Siria a Colombia y a todos los conflictos armados que ha habido, hay y, desgraciadamente, seguirán existiendo en el mundo. No verlo es un error óptico que puede cometer también un visionario.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine