14 de octubre de 2016
14.10.2016

Intrusos en el aula

14.10.2016 | 04:15
Intrusos en el aula

Me gustaría saber qué pensarían los docentes y el gentío en general si quien esto firma, profesor de Filosofía, impartiera clases de Matemáticas, Historia o Lengua Catalana. El caso es que, por dejadez moral y legal de la Conselleria d´Educació, los institutos públicos cuentan con intrusos que sientan cátedra en la materia de Valores Éticos cuando, salvo que sea por ciencia infusa, carecen de las estrategias y herramientas necesarias. Los considero intrusos porque, como bien recuerda la RAE, «se han introducido sin derecho» en aula ajena, algo que, sin ningún género de duda, repercute negativamente en el aprendizaje del alumnado. ¿Qué idea tienen de los valores éticos tales denodados sujetos? La suya debe ser cierta concepción ligera y equívoca del aprendizaje de valores éticos, considerándola una maría del copón, esa materia en que uno pasa el rato e improvisa sus clases. Valores, ¿eso para qué?

A mí no me hace ninguna gracia que la educación en valores dependa de la disponibilidad horaria de ciertos docentes, algo así como una cajón de sastre „y tan desastre„ en el que caben todos, los de Música, Lengua o Educación Física, en una suerte de tiranía pedagógica intolerable. Precisamente cajón de sastre en su segunda acepción: «Persona que tiene en su imaginación gran variedad de ideas desordenadas y confusas». Intrusos dañinos para la salud moral de nuestro alumnado, pues, a fin de cuentas, en esto de razonar, argumentar, someter a crítica, sospechar, debatir, estimar, valorar y analizar distintas ideas, se ejercita nuestro saber perenne: el filosofar, la Filosofía. Causa estupor recordarlo, pero, si este servidor, como tantos otros compañeros, se graduó en Filosofía, ha sido para educar y disfrutar con y de los alumnos dentro de esos parámetros de mi especialidad: valores, libertad, felicidad, finitud, denunciar la estupidez... ¿Por qué, pues, se apropian los valores éticos indoctos filosóficos? ¿Cómo es posible que sociedad, centros educativos e instituciones miren a otro lado? ¿Y ese silencio cómplice de la Facultad de Filosofía y la Universitat de València? ¡Les importa un comino la Filosofía y la educación en valores éticos! ¿Acaso les importa la educación?

Así que ya saben: el feminismo, la coeducación, promover dinámicas contra la violencia de género, combatir la homofobia, el racismo y la xenofobia, estimular ideas respetuosas, ampliar horizontes y perspetivas, formular retos cognitivos, todo esto, insisto, se engloba dentro de un todo vale. Parece sencillo llevar las riendas de Valores Éticos, esas clases henchidas de prejuicios, problemas, inquietudes, ideas tóxicas y debates que requieren de un dominio intelectual y emocional potente. Pero también cargadas de adolescentes maravillosos, capaces de asimilar nuevos proyectos de vida, retos e ilusiones. ¡Esponjas que absorben tanto lo positivo como lo negativo de la humanidad!
Pero ésta es, visto lo visto, la percepción de filósofos de pacotilla. Mis clases, por cierto, quedan abiertas a todo aquel que menosprecie la labor de los profesores de Filosofía. Lástima que cuanto ocurra en el aula se quede en el aula. Bueno, y en el mapa mental y emocional de nuestro alumnado. Aunque esto, supongo, nada importa a esos atrevidos metomentodos. Intrusos también, por cierto, porque quitan trabajo y posibilidades a los profesores de Filosofía. Pero, ¿acaso inquieta a alguien todo esto?

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