18 de octubre de 2016
18.10.2016

Te quiero. Pilar

18.10.2016 | 04:15
Te quiero. Pilar

Un anciano de 71 años se ha tatuado esta semana la dedicatoria que su esposa, fallecida recientemente, le había escrito hacía años en un papel. Quería llevar consigo a diario, en un brazo, aquello que fue lo más importante de su vida. Y apoyado en un bastón, el hombre entró en un moderno centro de tatuajes, aferrado a una pequeña fotografía en blanco y negro con la imagen de unas manos entrelazadas y en cuyo reverso había escrito a mano un «te quiero» en tinta azul y el nombre de la mujer. El tatuador ha colgado el vídeo de cómo hizo el trabajo en internet porque pensó que la gente necesita saber de historias con identidad. Y debe existir la necesidad en la gente porque el primer día ya contaba con 430.000 reproducciones. 

Precisamente, en una encrucijada de identidad va en danza el PP esta semana. Desde que su lideresa lo puso ahí al cuestionar su valencianismo identitario, ese que absorbieron de la extinta Unió Valenciana de línea conservadora y regionalista que ahora necesita de nuevo cuño. De discurso que entusiasme y venda la defensa de los intereses de Comunitat como partido renovado. De eso también hablaba la prensa esta semana. Porque bien mirado, aquí ya no se está para nuevas glorias a una España que financia mal, y en el partido se sabe, y menos para guerras territoriales, cuando la mejor frase en el desembarco empresarial catalán de hace unas semanas la pronunciaba el líder provincial Javier Moliner al recordar a los presentes que para ir a Cataluña hay que pisar Castelló. Que todos a ambos lados fueran tomando nota. Eso y no otra cosa, es identidad territorial. Y tampoco se está para no reclamar infraestructuras a Madrid. Las traídas y llevadas señas de identidad sin levantar fantasmas del catalanismo, sin caer vendidos al Estado español que tanto ningunea y sin ocupar un espacio nacionalista son un difícil discurso de consenso para marcar el camino.

En guerras de identidad también está el PSOE estos días. Ferraz mantiene abierto un debate sobre la conveniencia de pedir o no algunas condiciones al Gobierno a cambio de otorgar una abstención para facilitar una investidura a Rajoy. Difícil decisión. Pero todo queda a la espera de la convocatoria de un Comité Federal, así que puede haber abstención o no, ir a elecciones o no, aceptar pedir condiciones o no. Realmente, todo está sin identidad y el partido, más desconocido que nunca. O nadie quiere ser el primero en pronunciar su voto. Sea lo que sea que decidan, alguna mitad nunca se reconocerá en ese mal menor. 

Mirando esto de la identidad, no me extraña ahora que el tatuador compartiera el trabajo del anciano con la declaración de su mujer. Algo sincero, que se mantenga en el tiempo y que lo siga siendo, no es fácil de encontrar. Paso todos los días por una pared donde hay escrito «Manuel, vuelve». Mañana mismo voy a escribir debajo para preguntar si ha vuelto, son ya muchos meses y me he preocupado. Visto el patio.

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