25 de octubre de 2016

Los impagos de Educación

25.10.2016 | 04:15

Parece que las direcciones territoriales de la Conselleria d´Educació necesitan personal administrativo para gestionar el pago de las nóminas del profesorado que este curso, uno más, se han quedado sin cobrar el mes de septiembre. Al menos eso nos dicen los susodichos cuando tenemos la suerte de llamar por teléfono y que nos atiendan: «Falta personal y no se ha podido grabar su nómina». El problema se agrava cuando no se sabe todavía si las personas afectadas por el impago, alrededor de mil en el País Valencià, podrán cobrar su sueldo de octubre.
Si es cierto que el problema es la falta de personal, cabría imaginar a trabajadoras que no dan abasto con toda la documentación que tienen encima de la mesa, atendiendo a la vez llamadas de profesorado que justificadamente reclama su pan. Si el problema es que «su situación administrativa ha cambiado» o que «se ha extraviado su documentación», la bola se va haciendo cada vez más grande. Triste es que los interinos sean los eternos olvidados en el ámbito de la educación, pero que una persona cuando pasa de ser de interina a funcionaria en prácticas después de la odisea de las oposiciones, no cobre, no tiene nombre.

Respiremos hondo y analicemos la situación: alrededor de 500 personas no han cobrado porque se ha extraviado la documentación presentada, porque ha cambiado su situación administrativa o porque su puesto de trabajo ha cambiado de provincia. Otras 500 no han cobrado porque no ha dado tiempo de grabar su nómina. ¿Qué es lo que falta? ¿Personal o voluntad política? ¿O las dos cosas? Probablemente lo que haría falta es movilización y organización en un sector que, castigado desde hace años con el gobierno del PP, ya «ni siente ni padece», o eso debe pensar la nueva ejecutiva que menosprecia el trabajo de todo un colectivo permitiéndose el lujo de no pagarles.

Deben tener el chip de la patronal implantado los que piensan que la mejor forma de que alguien trabaje con dignidad es no pagarle tras enviarle a 300 kilómetros de su casa y su familia y hacer que alquile un piso y acarree con los gastos que ello supone, después de que anticipe un mes de su trabajo y su esfuerzo. Dejando de lado las consabidas mermas económicas que esto produce en el personal, hay que tener en cuenta que no valorar el trabajo de las personas es arrancarles un poquito de dignidad. Quizás desde la Conselleria d´Educació todavía no se han dado cuenta. ¿O quizás sí€?

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