07 de noviembre de 2016

¡Ánimo, campeón!

07.11.2016 | 04:15
¡Ánimo, campeón!

Hay chismorreos que parecen inevitables: así, con la concesión del premio Nobel de Literatura (a los demás, que forman parte del amplio registro de las ciencias duras y blandas, no tenemos el gusto de conocerlos ni de oídas), se inicia el rifirrafe entre los que opinan que no se lo merece y los que sí; añadan, con frecuencia, el sector de los que opinan que «ése quién es», lo que al menos este año no es el caso, porque todos saben quién es Bob Dylan y pueden escucharle en inglés como el que habla en prosa. (En fin: yo creo que merecerlo o no merecerlo, no es la cuestión; la cuestión es que te lo den o que no te lo hayan dado). Bien, a lo que íbamos. Otro de los chismorreos inevitables lo genera también la formación de un nuevo gobierno, sea nuevo o lavado con perlán. Añadan que a la general decepción que provoca cualquier gobierno (de Rajoy), entre nosotros hay que sumarle el cómputo de los indígenas, paracaidistas y chaletistas de Xàbia, es decir, de los valencianos o, como dice Bonig, de «sensibilidad» valenciana. A mí me sorprende la desfachatez de todos los que defendiendo la existencia de un «bien común de los españoles» y que los ministros se ocupen «de lo de todos», den por sentado que el «que hay de lo nuestro» está más seguro en manos de uno de la familia. Pura mafia que te lleva en AVE a Sevilla, Vigo o Valladolid. En fin, ya sólo nos queda la victoria de Trump, que padece insensibilidad, y que el PP asalte la Generalitat y el balcón del ayuntamiento para que la alegría sea completa. ¡Contento me tienen!

Se acerca la maratón del 20N y, paradójicamente, en los carteles, en lugar de animarte a correr, que sería lo propio (si correr, o correr tanto, fuera bueno), te dicen que corras a animar, lo que ya no entiendo: por una parte, porque puedes animar a los que pasan por ahí sin moverte y, por otra, porque tampoco le veo la cosa a eso de animar a alguien para que corra. En fin, como no cuesta nada: ¡ánimo, campeón!

Dicen que «los deberes generan desigualdades al penalizar a los niños cuyos padres no pueden ayudarles por su horario de trabajo, falta de conocimientos o no poder pagar las clases particulares». No olvidemos otras desigualdades: entre quienes los hacen y los que no; entre quienes los hacen muy bien, regular o mal... Yo estoy un poquito a favor de los deberes: los imprescindibles que puedan realizar los alumnos por sí mismos.

Para enfrentarse a la situación por la que atraviesa el PSOE, Ximo Puig propone dos principios cautelares: «primero es el qué y luego el quién» y «antes de la acción, siempre reflexión». La verdad es que no sé si se pueden convertir en máximas: la reflexión lo es sobre la acción, la teoría surge de la práctica y no son momentos distintos, como si primero encontraras una bonita idea en el cielo para aplicarla después en la tierra. También cuando piensas en el qué debes pensar en el quién y viceversa; es decir, el qué y el quién no son dos cosas distintas. Mejor pensar, actuar y elegir todo a la vez.

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