13 de noviembre de 2016

Duelo desesperado

13.11.2016 | 00:41
Duelo desesperado

Una vez más, como viene siendo común en los últimos meses, y especialmente en este otoño, los modelos de predicción más importantes vienen manteniendo posturas disonantes, casi contrapuestas, en la evolución del tiempo. A todos nos sorprendió la semana pasada el acuerdo entre el modelo europeo (ECMWF) y el americano (GFS) en marcar una potente gota fría de evolución retrógrada para esta semana, afectando especialmente a ese sureste que sigue estando tan falto de lluvia. No obstante, como siempre en las últimas ocasiones, el modelo europeo echó el freno en ese optimismo, mientras el americano, en un gesto de populismo sin precedentes, mantenía, a tan sólo dos días vista, lluvias abundantes, incluso torrenciales. El modelo europeo viene mostrando una mayor fiabilidad pero todos nos seguimos creyendo que el modelo americano, que ya se echaba un poco atrás en las previsiones hechas el sábado, podía acertar y traer esas ansiadas lluvias. Al final, el sábado por la mañana el cielo mostraba una magnifica estampa de altócumulos que lo cubrían por completo y que numerosos refranes señalan como esos borreguitos que anuncian la posibilidad de lluvias al tercer día.

Bien, ya ha llegado el momento y, para los que nos dedicamos a hacer previsiones, la dificultad de elegir entre el modelo que marca lo que quieres que pase, el GFS que señala lluvia abundante y extensa, y el que te señala lo que seguramente pasará, el ECMWF, con sus lluvias débiles o moderadas en algunos puntos, y con una gran descarga sobre el mar, lo que los aficionados venimos denominando como «cobra», porque, como Bisbal a Chenoa, te deja con la miel en los labios, rozando el litoral, sin apenas tocarte, tan cerca y tan lejos, tan prometedor y tan poco productivo. El cambio de tendencia es muy necesario porque un buen temporal de 3 ó 4 días es capaz de cambiar la tendencia, como mínimo del año, e incluso de todo el ciclo seco. Facebook me recordó hace pocos días cómo en 2012 pude pronosticar con acierto un temporal de lluvias que dejó entre 200 y 300 mm en varios puntos del sudeste en 5 ó 6 días, que fue suficiente para convertir un año malo en uno con excedentes. Y es que seguimos viviendo en el alambre.

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