15 de noviembre de 2016

Formación en valores

15.11.2016 | 04:15

Cada vez es más necesario la interrelación familia-escuela en la educación y formación de los niños y adolescentes. Educadores y familia deben fomentar la libertad y el sentido de responsabilidad de los escolares. Los educandos sienten la necesidad de comunicación, del apoyo y la atención por parte de los adultos que guían su formación y educación.

Hoy en día, con los avances informáticos y tecnológicos, es necesaria una dosis alta de motivación por parte de los alumnos para tomar interés en las enseñanzas que se imparten en los centros docentes. Desde los primeros años de escolarización, los niños necesitan una orientación a donde dirigir sus acciones. Orientación que supone reflexión, mandatos, ciertas prohibiciones, unos límites ya desde los primeros cursos; de lo contrario, los niños chocarán bien pronto con las exigencias de sus caprichos y de las exigencias de la sociedad a la que tiene que integrarse.
La libertad es una conquista irrenunciable en el ser humano. Pero en los niños y niñas, esa libertad hay que ir dosificándola, administrándola según sus competencias y capacidades y a su edad; eso sí, haciendole sentir que es querido y aceptado por las personas que le rodean en su entorno inmediato. Crecer en libertad es ir teniendo una voluntad libre, pero esta voluntad necesita ser orientada por el entendimiento que piensa y reflexiona, para  no caer en los propios caprichos ni en los de los otros. Supone un diálogo, escuchar a los niños y a los jóvenes para ayudarles y enseñarles a pensar y dar explicaciones del por qué de las cosas.

También debemos ayudarles a tomar conciencia de sus obligaciones, de sus deberes y en la medida necesaria exigirles que los cumpla. Formarles, educarles supone sustituir, en la medida posible, la disciplina exterior por una disciplina interior para orientarles hacia lo que está bien y deben hacer, con actitud de acogida y aceptación en un ambiente de confianza, no obviando que lo fundamental es ayudarles a ser libres, fieles a sí mismo y a los demás, capaces por tanto de vivir en una comunidad, en una sociedad bajo el prisma del respeto, del trabajo y de la convivencia.

Desde los primeros años debemos educarles en valores, en la tolerancia y en la diversidad. Desde la escuela debemos fomentar el respeto por los demás, pues es sabido que quien no tolera la intolerancia, no es tolerante. Como dijo Faure, «vivir humanamente es tanto como vivir en libertad; y esta implica capacidad de elección, pero también de aceptar la responsabilidad en los actos libres».

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