16 de noviembre de 2016

Somos lo que hacemos

16.11.2016 | 04:15
Somos lo que hacemos

Las palabras se las lleva el viento. Cada uno de nosotros somos lo que hacemos y no lo que decimos. Lo que decían los portavoces de los partidos, que con el sí o con la abstención apoyaron la elección de Rajoy como presidente del Gobierno, no se correspondía con los compromisos adquiridos ante sus electores. Este incumplimiento desprestigia la política haciendo mucho daño a la democracia y favorece la campaña contra la política emprendida, desde años, por los grupos de presión con muchos recursos
económicos.

Hay diferentes formas de impedir el buen funcionamiento de las instituciones públicas. Una muy extendida es la corrupción, que acabamos pagando todos con el encarecimiento y con el deterioro de los servicios públicos. Y otra, muy evidente en el último año, utilizar toda la maquinaria del Estado, recuérdense las grabaciones al ministro del Interior, o el poder de grandes medios de comunicación, léase los editoriales de El País, contra las personas y los partidos que quieren cambiar la política del PP, que favorece a las grandes fortunas.

Rajoy presentó su candidatura a presidente del Gobierno sin acompañarla de un programa de gobierno concreto y evaluable, responsabilizando a los partidos PSOE y Ciudadanos, que han hecho posible su elección, de la duración de la legislatura y amenazándoles con que, si no siguen apoyándole en lo que ha hecho en los cuatro años pasados, él convocará nuevas elecciones cuando considere oportuno. Esto, después de decir que ésta será la legislatura del diálogo, pero que no está dispuesto a derogar ni la reforma laboral „que ha hundido los salarios y degradado las condiciones de trabajo„ ni la ley de educación „que no es solo las reválidas„ni la ley mordaza, ni ninguna de las otras leyes que han deteriorado el bienestar de la mayoría y el funcionamiento de la democracia.

Cada partido deberá debatir democráticamente su estrategia, pero sin olvidar que lo importante es presentar iniciativas y ejercer el control de las actuaciones del gobierno. Hay demasiados grupos de presión, que no se presentan a las elecciones, interesados en que se hable mucho de los partidos y poco de las decisiones del Gobierno. Es como mejor pueden imponer sus intereses.

Para el PSOE será muy difícil que su política de oposición a Rajoy, si es que la hace, se vea, pues ha entregado a la derecha, no sólo el Gobierno, sino también la mayoría en la Mesa del Congreso de los Diputados, y ésta podrá impedir o ralentizar hasta hacerlas inútiles las iniciativas de la oposición. Si tantas ganas tenía de hacer oposición, deberá hacerla con hechos, lo que en muchos casos para ser eficaz exigirá acuerdos con Unidos Podemos y otras fuerzas, sin aceptar los chantajes que ya se han empezado a producir por parte del PP. Ciudadanos está ahí para ser el apoyo del PP.

Y Unidos Podemos y sus confluencias tienen que entender que serán la oposición al gobierno de Rajoy, no porque así se autoproclamen, sino por saber hacer oposición en el parlamento, planteando alternativas a los problemas, sin dejarse neutralizar y domesticar, aunque los ataques contra ellos sean continuos, y en la calle estando en permanente contacto con los ciudadanos, contribuyendo a defender sus demandas y favoreciendo su organización para una participación más eficaz.

Unidos Podemos y sus confluencias allí donde gobiernan tienen un espejo se donde pueden ver si cumplen lo que prometieron a los ciudadanos: cambiar la política de la derecha, defender sus derechos, transparencia y participación. Solo así impedirán que las instituciones les aíslen y que, al cabo del tiempo, los ciudadanos no les reconozcan. Todo lo que exigían antes y deben exigir ahora al gobierno de Rajoy tienen que practicarlo en las instituciones en las que gobiernan. Las mismas cosas que les pasaban antes a los ciudadanos, sobre todo a los más desfavorecidos, les siguen pasando ahora, quizás en mayor medida, pues cuando el sistema no mejora, el paso del tiempo agrava las situaciones personales y colectivas. La publicidad no cambia las cosas, solo impide ver la realidad. Una cosa es informar de lo que se hace, incluso de lo que no se hace denunciando porqué, y otra es hacer publicidad.

Por cierto, para quienes tienen responsabilidades de gobierno o de oposición sería saludable ver la película Yo, Daniel Blake, de Ken Loach. No perderán el tiempo. Podrán preguntarse si en la Administración que ellos gestionan, o que tienen que controlar, siguen pasando situaciones tan dramáticas y qué decisiones deben o no tomar para evitarlas: por ejemplo, no privatizar servicios públicos y rescatar los privatizados, sean de sanidad, empleo o dependencia.

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