21 de marzo de 2017
21.03.2017

De todos

21.03.2017 | 00:32
De todos

Es mucho pedir. Que el Gobierno termine en 2025 el Corredor Mediterráneo, diez años después de la fecha oficial, lo es. Que una legión de empresarios se planten, por enésima vez, para exigir que se dé la prioridad que toca a la infraestructura entre Francia y Algeciras, es demasiado. Pretender que finalicen los tiempos de promesas y que el Ministerio de Fomento acabe el eje en doble plataforma para pasajeros y mercancías, después de que todos los valencianos veamos cómo en los últimos meses es superada por otros corredores que reciben inversiones para ser terminados antes como los casos del AVE al País Vasco o el túnel entre las estaciones de Chamartín y Atocha, que forma parte del Corredor Central, debe ser mucho. Debe. Sobre todo, porque hace poco se nos tildó de exagerados „¡que alguien le mande al ministro un diccionario, por favor!. Sin aún darse cuenta que pretender, por su parte, que vivamos tranquilos en la confianza de tener una gestión que ampara a todos por igual, sí es pedirle mucho a la Comunitat Valenciana. Principalmente, por dos ejemplos: el Corredor Mediterráneo y la financiación autonómica. 
Estampa en prensa de esta semana pasada. Una llamada de la Asociación Valenciana de Empresarios (AVE), sentó a 550 directivos de Murcia, la Comunitat, Almería y Cataluña. Una voz para escenificar ante el Gobierno central que aquí se ha acabado la paciencia, los tiempos donde nuestra economía viaja en cercanías y que no existe ningún muro que separe a la terreta mediterránea. El mismo frente común para demostrar al centro peninsular la solidez y fortaleza de una patronal inamovible. Esa era la foto. Un sector hastiado del ninguneo injustificado, ese que, precisamente, sí va en AVE. 

Sin embargo, hay un mensaje que parece trasladarse al verlos. La patronal viaja en solitario. Aunque el Corredor Mediterráneo es un proyecto conjunto. Falta mojarse. El eje ferroviario no sólo constituye una pieza clave para el desarrollo económico del tejido empresarial, sino que además, aliviará los tiempos del transporte de pasajeros, favorecerá el turismo y eso se dejará ver en el empleo. El proyecto es de todos. No se les puede ver solos reclamando una infraestructura necesaria para los intereses de una comunidad que ingresa fundamentalmente de los visitantes y trabaja de pequeñas empresas que precisan abaratar costes, mejorar conexiones y salir a Europa. 

Me uno. Y reclamo el corredor sin retrasos, sin excusas. Porque su necesidad, su tierra y su futuro también son míos. Y esto no puede dejar de importarme. Y todos los gestores valencianos que cobran por dirigir instituciones públicas deben respaldar públicamente infraestructuras que atiendan al bien general, como el Corredor Mediterráneo, y no ignorar su necesidad o castigar a aquellos que alzan su voz para defenderlas. Eso de los afectos. Arbitrando sus fondos (públicos) para todos por igual. Porque las instituciones no castigan. El dinero público es del ciudadano, no del capricho del político que reparte a discreción. Por eso nuestras instituciones se encuentran en los juzgados. 

Y la sociedad tiene la responsabilidad de empezar a defender su parte, lo que importa al interés de todos o quedará aguantar la alternativa de seguir con los castigos mientras el dinero público que nos corresponde fomenta otros proyectos y los nuestros se van al limbo. Y sabemos cómo. Habrá que plantarnos, como hemos plantado toda la vida fallas, muchas veces levantadas contra viento y marea, pero en pie, y que han logrado al fin este año, llegar al cielo. O todos a una o el fracaso será de todos. 

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