21 de marzo de 2017
21.03.2017

Un fármaco imprescindible: humanidad

21.03.2017 | 04:15

Hace unos días, una señora a pesar de reconocer con admiración la labor de los profesionales sanitarios, se quejaba de la falta de trato, atención y amabilidad y detallaba una serie de frases displicentes del médico y/o enfermera, en relación a los pacientes. Exigía finalmente diversas habilidades de comunicación: empatía, educación y un poco de humanidad. Y expresaba en sus razonamientos que incluso, este tipo de trato no costaba nada, mostrando finalmente su perplejidad, desengaño y desesperación. Por eso, en este artículo quiero abordar algo de gran trascendencia en el ámbito sanitario: "un poco de humanidad". Diré en primer lugar que naturalmente, ello implica costes relativos al estudio, la formación en habilidades de comunicación, la subvención de proyectos de investigación en éste ámbito, etc. La comunicación con el paciente, es el medicamento esencial para la felicidad. Nuestro cerebro tiene hambre de comunicación, de caras risueñas, de ojos compasivos y de un tono afectivo. Como expresara el Dr. Gregorio Marañón: "€trabajamos con instrumentos imperfectos y con medios de utilidad insegura, pero con la conciencia cierta de que hasta donde no puede llegar el saber, llega siempre el amor". El humanismo en términos generales se define como "actitud centrada en el interés de lo humano, en el pleno desarrollo y bienestar de lo que el hombre sencillamente es". En la clínica actual, la comunicación y, en especial, el lenguaje del gesto, está siendo reemplazado por el de las máquinas; vivimos en una orgía digital, donde hasta el pensamiento se digitaliza, tal vez el "homo sapiens haya sido sustituido por el homo digitalis". El vertiginoso progreso de la tecnociencia durante el presente siglo, ha conducido a una profunda transformación de la praxis clínica. La actitud humanitaria. Ofrecer al paciente un trato humanitario y de alta calidad no sólo es un compromiso ético de la profesión sanitaria, sino que, además, resulta de gran utilidad para poder diseñar mejor los procesos terapéuticos y asistenciales en la dirección de las necesidades reales de cada enfermo y también, para lograr una mayor comprensión y adhesión al tratamiento por parte del paciente. En el trato humanitario, la premisa esencial es que "la técnica sin alma sirve de poco". Se atribuye a Protágoras en el siglo V, a.C. su relación con este concepto, cuando afirmó que «el hombre es la medida de todas las cosas». Por eso, escuchar con atención a un enfermo, aunque sea durante un minuto, es el mejor regalo que le podemos hacer y uno de los indicadores determinantes de la actitud humanitaria. El humanismo es, pues, una corriente filosófica centrada en el conocimiento del ser humano y la exaltación de sus valores. Se atribuye a Hipócrates el primer tratado de ética médica en su ya multicitado corpus hipocrático. En la Medicina hipocrática se establece una serie de criterios y formas de proceder que la hacen eminentemente humanista, enfatizando que el médico debe poner su arte al servicio del enfermo. Decía el médico y astrólogo suizo Paracelso (1493-1541), "el más hondo fundamento de la Medicina es el amor" y añadía: "es médico quien sabe de lo invisible, de lo que no tiene nombre ni materia, y sin embargo, tiene su acción". El avance del conocimiento y de las nuevas biotecnologías, especialmente en las últimas décadas, han propiciado un desapego mayor ante el enfermo (despersonalización) y un triunfalismo con respecto al control y curación de las enfermedades. En este sentido, el Nobel José Saramago, afirmaba: "cada vez somos menos un nombre y más un número". Sin duda, el paradigma de la deshumanización en la praxis clínica. Inequívocamente, existe un aumento exponencial del conocimiento en el campo biotecnológico, que ha mejorado "la capacidad curativa" de toda clase de patologías, pero poco o muy poco se ha ahondado en la dimensión humanística del paciente, centrada en la persona, como un ser holístico (biopsicosocial) y no sólo en su enfermedad. El trato humano tan deseable. Tal como decía Séneca (Carta a Lucilio), "homo, sacra res humani" ("El hombre es cosa sagrada para el hombre"). Y ese ha de ser el vector de nuestra praxis clínica. La praxis clínica con humanidad, implica tres factores esenciales: tener paciencia para atender a los pacientes, comunicarse con un lenguaje sencillo y claro y ser especialmente amable. Como dice William Osler: "es más importante saber qué clase de paciente tiene una enfermedad que saber qué clase de enfermedad tiene un paciente". Los pacientes quieren que el médico y/o enfermera, se ocupen también de su parte espiritual y que ésta forme parte de los cuidados que se les da. Contemplar, atender, escuchar, cuidar y comprender al ser humano como una auténtica obra de arte, puede provocar esa fuente de satisfacción interna que algunos profesionales sanitarios han perdido. Ellos han hecho esta profesión para ayudar a la gente, para tener una relación con sus pacientes y, de repente, lo que pasaba es que ven a muchísima gente a lo largo de un día pero sólo centrándose en la tecnología y la enfermedad. Sin embargo, la actitud positiva y comprometida del médico y/o enfermera cura más que una caja de medicamentos. Así, el médico y enfermera, se convierten en el principal medicamento; profesionales que consiguen dibujar una sonrisa en la cara del paciente; logran que veas las cosas de otra manera, que están siempre ahí, aunque no te des cuenta, que impiden que te deprimas, que te levantan el ánimo más que el mejor psicofármaco, que te alegran el día y que con una mirada te tranquilizan€Te inyectan continuamente el entusiasmo, un potente productor de energía, de estimulación mental y emocional y que acentúa la vitalidad del enfermo. Además, con el amor como divisa de nuestra vida, no hay lugar para la decepción o la desesperanza cotidiana. Humanizar es sencillamente adaptar la Medicina al hombre. Y ello es perfectamente posible con voluntad, sencillez, humildad y capacidad de aprendizaje de estos comportamientos que apuntalan la comunicación con el ser humano. Como decía Huxley, "existe, al menos, un rincón del universo que con toda seguridad puedes mejorar" ¡Y eres tú mismo!

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