03 de junio de 2017
03.06.2017

Tres piedras en el zapato

03.06.2017 | 04:15
Tres piedras en el zapato

Rajoy logra la confederación de derechas diversas y autónomas que Sánchez le sugería para la investidura · La dimisión de Moix desbarata la operación diseñada para controlar la Justicia y aminorar el impacto de los casos de corrupción que más afectan al PP

Mariano Rajoy ha obtenido con la aprobación tardía de las cuentas del 2017 una segunda investidura que le asegura poder gobernar hasta el 2019. Pero esta vez el apoyo definitivo no vino de la abstención del PSOE, sino de una coalición multiforme lograda laboriosamente: PP, Cs, Coalición Canaria, PNV y el ya célebre diputado Pedro Quevedo, de Nueva Canarias, que se presentó en coalición con el PSOE pero que ya ha votado contra los socialistas en dos asuntos clave. En la investidura de Rajoy votó no, como el rebelde PSC, y en los presupuestos ha votado sí. Pero el nuevo portavoz del PSOE, José Luis Ábalos, se ha mostrado comprensivo.

Quizás el miércoles el más contento en el banco azul era Cristóbal Montoro, que ha demostrado saber hacer equilibrios malabares. Rajoy no le ha hecho –ni le hará– vicepresidente, pero ya es el ministro de Hacienda que más presupuestos (diez) ha elaborado. Rajoy también está satisfecho aunque la alianza construida se parece más a la que hace un año le sugería Pedro Sánchez –algo así como una laxa confederación de derechas autónomas y diversas– que a la que gustaba al propio Rajoy. Para la unión de todas las derechas (gran simplificación) sólo le ha faltado la antigua Convergència.

Pero Rajoy está contrariado. Hace ocho días se pudo comprobar en Sitges en las jornadas anuales del Círculo de Economía. Rajoy sabe que se ha garantizado media legislatura y que la economía –al menos a corto plazo– va incluso mejor de lo esperado, pero que está condenado a coexistir con tres molestas piedras en el zapato: Cataluña, la justicia y el retorno de Sánchez.

En Cataluña no hay arreglo a la vista a corto plazo. Ni a medio. Aquel error innecesario de la sentencia del Constitucional del 2010 ha logrado, siete años después, no ya resucitar el Estatut del 2006, sino conducir a un choque frontal con el Gobierno catalán, que reclama nada más ni nada menos que la independencia. Rajoy cree que Carles Puigdemont no saldrá vencedor del choque, pero teme que él tampoco salga indemne. El choque dejará heridas, medicarlas el día después será difícil, pues las encuestas dicen que la ERC de Oriol Junqueras será el primer partido en unas elecciones, y es casi imposible que el Gobierno de Madrid gane popularidad en Cataluña. Ahí está la explosiva encuesta de El País del pasado domingo: el 94 % de los catalanes y el 77 % de los españoles no aprueban la política del PP con la desafección catalana.

Por otra parte, la dimisión de Manuel Moix no sólo priva al Gobierno del fiscal elegido para poner orden en la izquierdista Anticorrupción, sino que deja todavía más tocados al fiscal general, José Manuel Maza, y al ministro de Justicia, Rafael Catalá, bastante quemados ya por la reciente reprobación del Congreso. ¡Ojo, con el voto no sólo de Podemos y PSOE sino también de Albert Rivera! Cruje así la operación diseñada para controlar la Justicia y aminorar el impacto de los casos de corrupción que más afectan al PP. Y eso cuando el propio presidente tendrá que comparecer como testigo en el juicio sobre la financiación ilegal del PP. Algo que recordará aquel SMS del verano del 2013: «Luis (Bárcenas) sé fuerte». Sí, Pedro J. Ramírez ya no dirige El Mundo, que ha consumido desde entonces tres directores más, pero la Gürtel sigue ahí. Y obliga a demasiadas cosas y hace que demasiados días los jerifaltes de Génova se pongan colorados.

La última piedra –por el momento– es el retorno de Pedro Sánchez, que hará que las relaciones con el PSOE sean todavía más tortuosas. Y Rajoy sabe que la mayoría de 176 diputados del miércoles no es una alternativa del todo válida a una relación con un PSOE bajo la influencia del pragmático Alfredo Pérez Rubalcaba. Entre él y Sánchez sólo pasa electricidad negativa. Y Rajoy sabe que ello comportará una notable pérdida de comodidad. Aunque sobre Cataluña los dos estarán obligados a negociar y acordar.

Rajoy sabe que disfrutar de La Moncloa tiene el peaje de tres puntiagudas piedras en el zapato. Y encima la inminente moción de censura de Podemos€ Que quizás sea una bendición. Será el eficaz y algo cínico Rafael Hernando el que dará a Pablo Iglesias todo el palo conveniente. Y además se volverá a percibir que Iglesias existe, lo que cohesiona al electorado de la derecha, que el PP lo vuelve a derrotar y quedará claro que –guste o no guste– no hay mayoría alternativa a la que la retranca de Rajoy y el manejo de los presupuestos de Montoro han logrado construir.

Trump, Merkel y las elecciones británicas

El divorcio entre Donald Trump y Europa que se percibió en la cumbre de la OTAN de Bruselas y en la reunión del G7 en Sicilia, se ha confirmado esta semana. El domingo, la canciller Angela Merkel advirtió que Europa debe responsabilizarse de su futuro porque la relación con Estados Unidos y Gran Bretaña no era ya como la de los últimos años. El «America first» exige una respuesta europea. Y no es casualidad que Merkel levantara esa bandera en un acto electoral. En Alemania hay elecciones en septiembre y Merkel no desea dejar la bandera de una Europa con voz propia en manos del candidato socialdemócrata. Además, animada por lo de Emmanuel Macron en Francia, empieza a pensar que si Alemania tiene que acabar pagando, ella puede ser también la canciller de Europa en su último mandato.
Y Trump, recién regresado a Washington, donde tiene crecientes problemas, sólo ve ventajas en agitar la bandera populista. Contra el tratado sobre el cambio climático, que dice que es una amenaza para la economía americana –inconciencia máxima– y contra las exportaciones alemanas. Esta actitud proteccionista le valió un duro editorial del «New York Times» titulado «El insulto a la historia de Donald Trump», pero el presidente cree que su reacción contra las exportaciones alemanas y el tratado climático mantendrá su popularidad entre los suyos.

Este jueves hay elecciones anticipadas en Gran Bretaña. Theresa May las convocó porque esperaba aumentar de 17 a 100 su mayoría absoluta, lo que le ayudaría en la dura negociación del «brexit». Pero las encuestas detectan que la ventaja sobre los laboristas de Jeremy Corbyn se ha ido estrechando. Parece que May conservará la mayoría pero puede acabar lamentando el anticipo electoral. Si no incrementa su ventaja, perderá liderazgo€ y entonces las incógnitas del «brexit» aumentarán.

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