05 de junio de 2017
05.06.2017

El iceberg y el 'Titanic'

04.06.2017 | 21:07
El iceberg y el 'Titanic'

Al menos desde Marx, ya sabemos que eso del bien común y de los intereses generales es pura ideología (en su sentido negativo y enmascarador de la realidad): en una realidad social asentada en la desigualdad radical y creciente hablar del bien común o el de todos no es sólo magia potagia, nada por aquí ni por allá, sino una contradicción y un imposible: una esperanza opiácea. Pienso en esto cuando observo el mercadeo infumable con el que se aprobaron los Presupuestos Generales del Estado (¿generales?, ¿Estado?): un acuerdo al que se llegó vendiendo el voto a cambio de un buen pellizco del dinero de la tribu para llenar el frigorífico de la familia. Algunos, aquí, digo del PP y Cs, dicen que es lo normal y que en eso consiste la política. En fin: los que lo hicieron sin conseguirlo, censuran a los que no lo consiguieron por no hacerlo. Me refiero a los antinacionalistas útiles, es decir, a la oposición iceberg.

Que el PP de aquí recurra en los tribunales de justicia el decreto de plurilingüismo o que recurra el acento de València va de suyo: al Partido Popular valenciano no le gusta el valenciano ni en pintura, quizá porque nos llevaría al nacionalismo inútil, siéndonos tan útil su antinacionalismo. Ellos no lo dicen así, sino que dicen que «no les gusta que se lo impongan». De hecho, es un grandísimo milagro que durante años se hayan mostrado como los grandes defensores de lo que atacan y entorpecen sin descanso, o sea, siempre que pueden: cuando no es un recurso, es una caravana de la libertad, si, oiga, de la libertad. Sin embargo, una cosa es que ejerzan y otra que mientan. César Sánchez, recién ascendido a la gloria de los titulares desde la presidencia de la Diputación de Alicante, asegura que su recurso quiere defender al castellano y a quienes lo hablan (hablamos) («esa lengua que hablan 500 millones de personas») de los ataques que sufre. ¿Se puede ser más simple? ( Pues sí: miren, por ejemplo, el València shopening night!, esa fiesta de fumadores empedernidos a la puerta de un estanco adictos a la nicotina de las rebajas. Smoker non runner).

Un grupo de irreductibles filósofos, asociados bajo el nombre de València pensa (supongo que en presente de indicativo y riguroso imperativo) nos ha montado un festival de filosofía: Avivament. No se trata de un sindicato de pensadores (Marzà, cumpleix!), sino de un empeño de sacar la filosofía a la calle y abandonar la academia (ojo no jodamos: no la escuela) y la jerga: pensar en la ciudad sobre la ciudad. (Escribo esto después de la interesante conferencia de Antonio Campillo sobre el lugar de la filosofía).

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