12 de junio de 2017
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Obsolescencia; el chip destructor

12.06.2017 | 19:30
Obsolescencia; el chip destructor

Electrodomésticos, aparatos y equipos tecnológicos tienen fecha de muerte. Los fabricantes, fraudulentamente, obligan al usuario al continuo desembolso si desea seguir disfrutando del habitual estado de confort. Atrás quedó la ética. En un mercado global fidelizado, la ganancia radica en la menor durabilidad quedando en el anecdotario aquellas encendidas campañas publicitarias que hacían hincapié en la perdurabilidad, detalle que ahora se obvia. Defunción fulminante e inesperada mediante la instalación de elementos verdugo en los circuitos, es la táctica generalizada. En palabras de Jean Mantelet, fundador de Moulinex: "Nunca debe abandonarse la fabricación". Estrategias de constante innovación, integración y exportación, fundamentadas en bajos costes inundan los mercados y el lanzamiento de nuevos productos conforman la agresiva dinámica empresarial actual, en la que se requiere poner fuera de juego remesas de productos: impresoras, iPods, bombillas, neveras, ropa y hasta piezas como el cambio de marcha en los coches están predestinados a la disfunción. El filón de la decadencia irremisible en robots e instalaciones mecánicas, es el paradigma en la producción. No es suficiente ser el más barato, ofrecer equilibrio entre calidad y precio, y nada importa sobresalir por características excepcionales. El negocio es la incesante y frenética fabricación y, por ende, la creación de residuos a igual ritmo. Peter Drucker, el filósofo y abogado austríaco, dictaminó que: "Una empresa se define por su misión". Y ¿Qué misión auspician cuantos consideran a los ciudadanos como carne de cañón para sus batallas gananciales? Ni más ni menos que la de forzar al consumismo.

Millones de personas son manipuladas, como máquinas, mediante mentiras por parte de gobiernos y oligarcas; "dividen a los pobres del mundo y los mandan a matar a otros pobres", declara Nazanín Armanian que, con preclaro análisis y audacia oratoria, no duda en afirmar que: "El hambre es un negocio; igual que las armas y el terrorismo; son el negocio redondo". Abrir los ojos a la realidad, cuando se puede, cuando las circunstancias lo permiten, es algo que los nuevos tiempos exigen; en palabras del catedrático de la Universidad de Barcelona Joan Queralt: "En vez del ángel exterminador, tendría que bajar el ángel iluminador", haciendo referencia a la amnistía fiscal aprobada en marzo de dos mil doce por el Gobierno del PP, ahora declarada "inconstitucional y nula" y que "con la declaración tributaria especial" logró que "apenas el 3% de defraudadores, tuvieran que pagar". Una ley titulada por el ministro jienense y caballero de la gran cruz de la Orden de Carlos III (que fija como objetivo "recompensar a los ciudadanos que con sus esfuerzos, iniciativas y trabajos hayan prestado servicios eminentes y extraordinarios a la Nación"), Cristóbal Montoro, como "incentivos a la tributación no declarada" y que legitimaba el fraude empobrecedor.

El sistema desdeña fabricar aquellas neveras que llegaron a formar parte de la familia, o los sólidos ventiladores empeñados en girar a través de tórridas décadas estivales; en su lugar se aposentan enclenques artefactos cuyas revisiones se pagan. Cada vez hay más comercios pequeños que se suman a la alargascencia, dispuestos a recuperan y reparan, a buen precio, las máquinas. Pero, lo duradero no es rentable. Hay que generar destrucción como en Afganistán, transcendental enclave tanto en lo fronterizo como para la construcción de oleoductos. "Afganistán es el lugar más estratégico para la OTAN". Muerte y destrucción incesante por todas partes, "es una guerra muy bien planificada, durará muchos años", denunciaba la escritora y politóloga iraní Armanian, en las ondas radiofónicas.

El negocio es lo primordial. Permisibilidad absoluta en pos de la ganancia. "Ve aumentando tanto como puedas tu cuota de mercado y obtén unos beneficios razonables. En medio haz lo que quieras. Diseña tu política de precios, de productos, de canales de distribución, de publicidad y de promociones", escribe en su libro "Dirigiendo. 11 Factores clave del éxito empresarial", Jaume Llopis, licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Barcelona y MBA por el IESE (Universidad de Navarra). Pero existen bienes de vigencia inmutable. La poesía es uno. "Lo que el público juvenil pide es producir, escribir, practicar", comentaba David Trashumante en la rueda de prensa de la VI edición de Vociferio. Una juventud perseguida por fuerzas oscurantistas que les cierran puertas, jóvenes que hablan otro idioma gestual, estético y moral. Millares de seguidores (followers), en las redes, a nivel nacional practican la poesía sin obsolescencia, dejando en la cuneta "viejunos" y podridos entresijos enquistados al poder, espabilando conciencias a golpe de sonetos y romance, con libertad y sencillez. Raul Lago, empresario teatral, dijo sobre el festival: "Que se pueda acceder a una cultura de calidad. Que el precio no sea un impedimento". Poesía performativa, teatro de cercanía, poesía sonora, electrónica y el triunfante slam. "La poesía es diversión" y ¡sobrevive!

Bélgica ha elaborado un estudio sobre la obsolescencia programada, proponiendo fórmulas que contrarresten tal abuso, como sanciones de hasta seiscientos mil euros, a los infractores. Francia, en dos mil quince, legisló contra la obsolescencia programada con multas de trescientos mil euros y hasta dos años de prisión. En España, el Gobierno modificó en febrero de dos mil quince, el Real Decreto sobre aparatos eléctricos y electrónicos estableciendo que los fabricantes "deberán diseñar y producir sus aparatos de forma que se prolongue en lo posible su vida útil, facilitando, entre otras cosas, su reutilización, desmontaje y reparación", adaptándose a "una directiva europea que obliga a las empresas a usar componentes reutilizables para alargar la vida de sus productos", ("eldiario.es" 18/11/2014); con multas a los incumplidores que van desde seiscientos euros a treinta mil euros; pero "las acciones legales son microscópicas, la permisividad es total" ("elpais.com" 31/052016). J.F. Kennedy dijo: "Los que hacen imposible una revolución pacífica, harán inevitable una rebelión violenta".

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