16 de junio de 2017
16.06.2017

Los valencianos y España

16.06.2017 | 04:15

Antes de entrar a analizar la relación existente entre los valencianos y España, definamos los términos:
-Valencianos, es decir, los cinco millones de residentes de la actual Comunitat Valenciana, de Orihuela-Oriola a Vinaròs, territorio del histórico Regne de València, borrado políticamente del mapa de Europa, por el «justo derecho de conquista», acción bélica que se plasmó jurídicamente en el decreto borbónico de Nueva Planta del 29 de junio de 1707.

-España o nación española o pueblo español o Estado español, es decir, la concreción del proyecto imperial de los soberanos de Castilla, explicitado en el primer artículo de la primera Constitución española, la de 1812, que dice: «La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios». Definición que liga el concepto de España a la idea de imperio y, en consecuencia, la nación española o España subsistirá mientras sobreviva el imperio que forjó Castilla o, para ser rigurosos, mientras sobreviva el imperio que forjaron los soberanos (reyes, oligarquías o parlamentos) que eligieron Castilla como metrópoli de su imperio. De ese imperio castellano, rebautizado español desde 1812, desprendidas ya las colonias de ultramar, solo restan los territorios de la antigua Corona de Aragón y los enclaves africanos de las Islas Canarias y de Ceuta y Melilla. La relación con Navarra y Vasconia es ambigua, en apariencia de no dominio y basada en el pacto.

Para los valencianos, la Nueva Planta de 1707 permanece vigente. La soberanía territorial que se define en ella y cuya única legalidad jurídica surge del «justo derecho de conquista», es la base de todas las constituciones españolas, desde la primera de 1812, hasta la actual. La soberanía que aduce el Estado español, por su génesis, es espuria y los treinta y dos diputados valencianos, diluidos en su Congreso, tan inocuos políticamente como los procuradores saharauis en las Cortes franquistas. Para los valencianos, el Estado español solo es garantía de expolio. Al recaudar nuestros impuestos y decidir unilateralmente el pago del gasto y las inversiones públicas nos tratan como lo que somos para ellos: una colonia. Su criterio distributivo es: a estos les damos los restos y si quieren algo que se lo paguen.

Ahora hemos asistido de nuevo al baile de eunucos de los parlamentarios valencianos en Madrid, castrados y bien cebados, para asentir ante la ignominia que representan los presupuestos del Estado español para con los cinco millones de valencianos. Estén las derechas españolas en el poder, estén las izquierdas españolas en el poder, la consideración por parte del Estado español respecto a los valencianos es siempre la misma: desaire y ninguneo.

A los valencianos no nos aprovechan los Rajoy o Rivera, pero tampoco los que aspiran a sustituirles: los Sánchez o Iglesias, a los que se ha sumado entusiastamente nuestro Baldoví, para mejor «ofrenar noves glòries a€» la izquierda española. Pero ya tampoco el PPCV o el PSPV o Compromís o Ciudadanos o Podemos, supeditados todos ellos a lo que les marcan desde Madrid. O ejercemos políticamente de valencianos o se nos continuarán miccionando encima como siempre. Hemos de tomar nota de los navarros, de los canarios, de los catalanes y de los vascos. Hemos de evitar que nos distraigan con los cantos de sirenas de las derechas e izquierdas españolas que, con sus discursos se reparten las clientelas para mantenernos a los valencianos bien divididos y mejor neutralizados.

El tren de la historia se acerca de nuevo y los valencianos nos hemos de aprestar para subirnos a él y no dejarlo pasar.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine