20 de junio de 2017
20.06.2017

Burros contra incendios forestales

20.06.2017 | 04:15
Burros contra incendios forestales

Un incendio forestal en Portugal ha causado más de 60 muertos. Entramos en la época de los incendios, como todos los años.
El 6 de septiembre de 2016, el monte público de Xàbia, rodeado de casas y urbanizaciones, fue arrasado por un gran incendio forestal. Podía haber pasado algo similar al actual incendio de Portugal. Estos incendios ¿van a ser los últimos? ¿Cuál debe ser nuestra repuesta?
El fuego es un elemento natural. Los ecosistemas se han adaptado al fuego y conviven con él en un equilibrio que favorecen la biodiversidad y enriquecen los paisajes. Hasta que llegamos los hombres civilizados.

Los terrenos forestales tenían un equilibrio entre los herbívoros y la vegetación. Manadas de caballos, bisontes, mamuts, etcétera, pastaban en unos ecosistemas donde el hombre era una especie nómada en busca de sustento. Existía un mosaico de praderas, zonas boscosas y matorrales.

Con la revolución del Neolítico, el ser humano se hace sedentario, crea áreas de cultivo y pastos. En las zonas más favorables como es el circunmediterráneo, existe una transformación generalizada de los montes que quedan desequilibrados por exceso de pastoreo, además se aprovechan leñas, carbón vegetal€ existe un mosaico de pequeñas parcelas de cultivo que compartimentan las masas forestales. Como resultado, apenas existen incendios forestales.

En las sociedades industrializadas, el éxodo rural hacia las grandes ciudades abandona el campo y desaparecen cultivos, aprovechamientos tradicionales y los grandes rebaños. El monte se queda sin los herbívoros salvajes de antaño y sin los ganados. Montes llenos de combustible con bosques y matorrales continuos que permiten al fuego recorrer grandes superficies. El resultado está siendo catastrófico.

Las acciones para luchar contra los incendios forestales se deben basar en tres pilares fundamentales. El primero es la concienciación sobre la gravedad del problema. El segundo es la necesidad de incrementar los medios, sobre todo en prevención. Y el tercero es el consensuar una política global a largo plazo que actúe sobre el origen del problema.

El incendio desnuda el suelo, que es arrastrado por la lluvia hasta que sólo queda la roca del sustrato. Convertimos los bosques en desiertos. ¿Cuál es el futuro previsible del monte incendiado de Xàbia? Pérdida de suelo y erosión generalizada, inicio de etapa de matorrales, dominando las especies más inflamables (aliagas, romeros, ericas€) en 5 ó 10 años existirá un matorral tipo maquia mediterránea muy combustible y las probabilidades de que vuelva a arder son muy altas. ¿Qué podemos hacer?

El monte de Xàbia se protegió en el siglo XIX como monte de utilidad pública y es LIC y ZEPA. Más de 150 años protegiéndolo con el resultado de un monte arrasado por el fuego y en fase de desertificación. Ardió en 1964, en 2000, en 2016... ¿cuándo será el próximo incendio? Algo estamos haciendo mal. ¡Es hora de investigar nuevos caminos!

El monte de Xàbia no es un monte virgen. Al final del Pleistoceno termina la última glaciación (Würm) y se inicia un óptimo climático del Holoceno. Durante la glaciación, los paisajes y montes en nuestras latitudes eran los correspondientes a tundras con nieves perpetuas en altura, suelos congelados permafrost y sin vegetación arbórea. En el Holoceno aparecen los bosques en nuestras latitudes. Nuestros ancestros nos han dejado con sus pinturas rupestres una idea del mundo en el que vivían, grandes animales y manadas que se alimentaban en praderas y bosques. En el Preholoceno correspondiente al período cálido y antes de transformar el medio con cultivos y ganados, es cuando había en Xàbia un ecosistema estable de bosque primario, no intervenido por el hombre.

¿Podemos reconstruir ese ecosistema bosque? Se proponen las siguientes líneas de investigación a materializar en el Monte de Xàbia UP 89 la Granadella:.

Primera: definir una situación de equilibrio entre flora y fauna similar a la que presumiblemente existía en el Preholoceno, para conseguir un ecosistema resistente a los incendios.

Segunda: potenciar el desarrollo de formas de vegetación y poblaciones de fauna.
Tercera: determinar la capacidad del medio y crear un mosaico de arbolado/ matorral/pastizal, con ayuda a la regeneración natural, potenciación de especies climácicas y favoreciendo las menos inflamables.

Cuarta: analizar qué especies de macromamíferos podrían introducirse para conseguir un ecosistema en equilibrio, y que sean compatibles con el uso recreativo y turístico del monte, como podrían ser los onagros o burros salvajes en peligro de extinción.

En definitiva, se plantea un proyecto piloto de investigación en terrenos incendiados que se podría aplicar también a los montes protectores que no han sufrido el paso del fuego, con el objetivo de conseguir ecosistemas naturales estables y resistentes a los incendios forestales, creando un recurso científico, educativo y turístico.

No se trata de volver a la prehistoria, pero no debemos seguir desertificando el territorio.

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