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Plurinacionalidad y soberanía

Nadie que conozca la realidad de los Estados plurinacionales que no fragmentan la soberanía del pueblo, es decir, la del propio Estado, debería recelar de la expresión ni mucho menos del concepto incorporados por el PSOE a su ideario en el 39 Congreso Federal. La ponencia no inventa nada que no exista. Abre una vía democrática a la redefinición federalista del Estado español como punto de arranque de la próxima reforma constitucional, modera el pacto de izquierda y anula la exclusividad de la izquierda populista en el reconocimiento de la pura evidencia.

Si no un derecho, la plurinacionalidad española es un hecho acentuado en casi cuarenta años por el Estado de las autonomías, que acusa hoy el desgaste de sus imperfecciones. La diferencia clave con otras fórmulas es la inviolabilidad de la soberanía única. Y su primera virtud, la exclusión del secesionismo en la homologación con democracias poderosas que han probado suficientemente la idoneidad del sistema.

El socialismo histórico está en crisis y tan solo remontará poniéndose en línea con la nueva etapa del mundo. La inteligencia del cambio se enturbia con la defensa numantima de los principios que fueron fudamentales y han dejado de serlo por el empuje de una realidad social que impone sus principios a despecho de las doctrinas instaladas. La soberbia de los usurpadores, expresidentes del gobierno, barones y aparatchiks, sufrió una humillación sin precedentes en las primarias y contempla hoy una mayoría interna que no los necesita. Es la elección que la vieja estructura debe aceptar y procesar, sin rencor ni tacticismos deslegitimadores de las bases. Sin ello, el partido será inviable.

Lo ilustran las elecciones de Francia, que han estado a punto de convertir el muy joven partido ¡En marcha! en partido único, muy por encima de la mayoría absoluta. La clave es el desplazamiento de la confianza hacia el hombre nuevo como único potencialmente capaz de encabezar la dinámica del cambio. Emmanuel Macron tendrá que demostrarlo, como también Pedro Sánchez en el área interna del PSOE y en su aspiración de gobierno. En la acción política del siglo XXI, la historia y las tradiciones tienen la dimensión que les corresponde. Lo esencial es la voluntad de no encapsular las ideologías en las doctrinas y los esquemas organizativos del pasado. Con luces y sombras Sánchez puede ser el hombre nuevo de la democracia española.

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