26 de junio de 2017
26.06.2017
EL DEBATE | La presencia de la Filosofía en el currículo escolar de Secundaria

Un pretexto para expulsar la filosofía

26.06.2017 | 00:37
Un pretexto para expulsar la filosofía

Hace unos días indicaba en estas mismas páginas que nada molestaba y desorientaba más al ciudadano que el no llegar a conocer la lógica de un proceder que, como el del conseller de Educación, se desdice sin el menor pudor. Sabido es que finalmente ha justificado que no incorporará la filosofía en el próximo curso porque rompería «el equilibrio del aprendizaje transversal del conjunto de materias». Verdad es que esta justificación sucede a otras. No obstante, examinemos esta justificación.

Todos saben que los planes de estudio asumen una organización del conocimiento y una concepción de la racionalidad. La organización, respetando una inevitable gradualización de dificultades, viene dada en razón tanto del objeto que estudia cada ciencia como del método asociado para su análisis. La didáctica ha ideado formas diversas de favorecer la comunicación con el alumno para mejorar su rendimiento. Una de estas formas ha venido dada por quienes postulan «el aprendizaje transversal". ¿Qué significa esto? Esta corriente, de entrada y con claridad, nos pide que no absoluticemos la organización de la docencia sobre el concepto de materia; es fácil localizar afirmaciones como esta de Fernández Batanero: «El gran reto de la transversalidad consiste, por tanto, en la posibilidad histórica de hacer frente a la concepción compartimentada del saber». Pero qué se quiere decir con «transversal».

Una de mis sorpresas cuando me acerqué a los textos de Jones a la altura del 1990 fue la dificultad que plantea la interpretación de «transversal». Se destaca que la discusión y solución de problemas requiere en muchos casos la aplicación e integración de destrezas pertenecientes a campos científicos diversos (lingüísticos, científicos, etc.) y que, por tanto, los alumnos deben entrenarse en este tipo de aprendizajes que no se potencian con la atención prestada por los planes de estudio vinculados a las materias. Asimismo, los textos de Wigle y Thousand vistos por mí hacia el 1998 coincidían en la crítica del «planteamiento academicista» que viene recogido en la organización secular de los estudios y apuntaban en favor de un curriculum interdisciplinar que suponga el análisis de problemas cuya solución requiere de perspectivas y campos del saber diferentes; se postula una conexión y articulación de los distintos sectores de conocimiento presentes en el curriculum. Lo relevante para mí fue apreciar cómo la imagen espacial evocada por «transversal» se traducía por «interdisciplinar»; esto es, la transversalidad quedaba reducida a una estrategia de actuación docente que potencia la interdisciplinaridad al programar los materiales del alumno y el aprendizaje asociado a ellos..

Siempre he creído que la única reforma real y efectiva es la editada. Por ello y bajo la influencia de estas lecturas, diseñé unos textos que respetaban el hecho de potenciar la interdisciplinaridad dentro del contexto más general que articulaban los distintos bachilleratos, cuyo desarrollo se anunciaba. Presentado el proyecto, los autores (S. Feliu, T. Miranda, A. Rovira, F.Caballero/V.Monroig, A. Gallego) cerraron proyectos de alta calidad desde el 2000 al 2007. Una coedición de Marfil y PUV dio a conocer los títulos: Ciencia y Verdad, Argumentos, Información y Conocimiento en la era de internet, Las quimeras del arte, La legitimación del poder, etc. Los títulos en sí mismos ya hacen explícito, asumiendo a Thousand, que el curriculum puede potenciar la interciplinaridad y que se pretendía mostrar que un aprendizaje transversal /interdisciplinar requiere la selección de un tema (el lenguaje, la comunicación, el poder, el arte, la cultura científica , etc) y con tal hilo conductor articular mediante razonamientos las propuestas surgidas del conocimiento.

Así pues, lejos de justificarse la exclusión de la filosofía en aras del «equilibrio que establece el aprendizaje transversal», debe justificarse la presencia de la filosofía en una especial forma de traducir la interdisciplinaridad y de consolidar unos hábitos de trabajo. La justificación ofrecida por nuestro conseller es un vano juicio, puro pretexto. No debe responsabilizar a la enseñanza de la filosofía de romper el equilibrio que asocia al planteamiento interdisciplinar de contenidos; la filosofía capacitará para su puesta en ejercicio.

La posición del conseller Marzá no puede quedar sin una contrapropuesta que deberá adoptar forma de actividad extraescolar. Dado que los profesores de filosofía habrán de ocuparse de tareas mil porque no explicarán apenas filosofía, propongo que todos cuantos nos hemos jubilado y hemos sido docentes de filosofía nos debemos ofrecer a nuestros centros para articular una enseñanza de la filosofía que, en verdad, evidencie que el análisis de un problema filosófico no rompe el ´equilibrio´ de las enseñanzas asociadas a las distintas materias. Por el contrario, esas enseñanzas de la filosofía también contribuirán a otra tarea: «en el marco de la sobreabundancia mediática, a liberar de ataduras en la mente y en las manos» (E. Lledó). No es poco.

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