27 de junio de 2017
27.06.2017

La Comunitat Valenciana va a ser la más limpia del Mediterráneo

27.06.2017 | 10:54

El lenguaje secreto de las estadísticas, tan atractivo en una cultura a la que le importan los hechos, se emplea de manera sensacionalista, para exagerar, confundir y sobre-simplificar». Darrell Huff, escritor estadounidense, es el autor de esta reflexión que viene muy al caso con lo ocurrido durante las últimas semanas y meses en relación a la intención de la Conselleria de Medi Ambient de recuperar el hábito de devolver los envases de bebidas a las tiendas. Sin ir más lejos, esta semana pasada asistimos a un nuevo baile de números con la excusa de un proyecto elaborado por la Escuela Superior de Comercio Internacional de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Las cifras de este estudio son de lo más llamativas, pero ocultan algo vital: la realidad. Este informe estudia una propuesta de sistema de depósito que no tiene nada que ver con lo que se está planteando desde la Comunitat Valenciana, Balears y Catalunya y que, además, no existe en ningún lugar del mundo. Y claro, a partir de este modelo irreal, los costes se multiplican por 15 y se llegan a unas conclusiones de lo más llamativas.
Veámoslo con tres ejemplos.

El estudio incorpora, en la parte de costes, vinos y bebidas espirituosas, lo que supone un cambio importante en las necesidades del transporte del sistema por el peso de este tipo de envases. Pero la realidad es que ninguno de los 40 sistemas existentes en el mundo incluye estos productos, ya que no son los envases que más se consumen en el exterior y, por lo tanto, los más abandonados. Latas y botellas de agua, cerveza, refrescos y zumos son lo que más se encuentra en todo tipo de recogidas y caracterizaciones y por eso son las bebidas que vuelven a venderse con depósito. Así, sus envases vuelven a la tienda para ser reutilizados o reciclados para que no acaben tirados en el entorno.

El estudio no contempla la logística inversa para la recogida de los envases, lo cual abarata y simplifica el proceso y reduce enormemente la huella de carbono con respecto a los sistemas actuales. La logística inversa consiste en que en el momento en el que se llevan las bebidas al comercio para su venta, ese mismo camión recoge los envases de bebida, de tal forma que no se hacen viajes de más. Y la realidad es que la patronal de la distribución de bebidas ya ha asegurado que en la Comunitat Valenciana podría ocuparse de ello, como ya se viene haciendo con bares, restaurantes y hoteles.

El estudio establece que el retorno de estos envases se realizará en un 50 % de manera automática, con máquinas en los supermercados, y en el otro 50 % de manera manual. Esta distribución supone unos costes para la recogida manual de envases muy abultados, pero otra vez la realidad es bien diferente en los lugares donde se devuelve el casco. Los comercios deciden siempre cómo proceder y la media es que el 80 % de los envases se recupera automáticamente y el 20 % de manera manual.

Las cifras no son solo muy vistosas con los costes, sino también respecto a su impacto medioambiental. A modo de ejemplo, este análisis de un modelo de sistema de retorno inexistente concluye que devolver los envases a la tienda incrementará el número de residuos que acaban en el agua, el calentamiento global, la erosión capa de ozono, la contaminación del aire y hasta los niveles de lluvia ácida.

Resulta chocante que una práctica que se lleva a cabo en los lugares del mundo con mayor compromiso con la sostenibilidad y el futuro del planeta como son los países escandinavos, Alemania o Australia, pueda ser supuestamente tan dañina. Pero quizá, el hecho de que el estudio esté financiado por una decena de organizaciones entre las que figuran Anarevi (Agrupación Nacional de Reciclado de Vidrio), Aneabe (Asociación Nacional de Empresas de Aguas y Bebidas Envasadas), ANEP (Asociación Nacional del Envase de PET), Anfabra (Asociación Nacional de Fabricantes de Bebidas Refrescantes), Anged (Asociación Nacional de Grandes Empresas de Distribución), Cerveceros de España, Ecoacero (Asociación Ecológica para el Reciclado de la Hojalata), Ecoembes, Ecovidrio, FIAB (Federación de Industrias de Alimentación y Bebidas) o Tetra Pak Hispania, ayude a entender mejor esta contradicción.

Este informe, como otros tantos que estas mismas empresas han financiado en los últimos tiempos, se ha hecho para ir en contra de algo que todas estas empresas no quieren. Pero que los representantes de multinacionales como Coca-Cola, Danone o Nestlé acusen a los políticos y a la sociedad civil que llevamos una vida protegiendo el medio ambiente de promover una práctica que calentará el planeta y traerá la lluvia ácida es grotesco.

Estas grandes compañías son las mejores usando técnicas para vendernos sus productos, así que unas cifras tan provocadoras como las de este estudio seguro que pensaban que serían de lo más sugerentes para alertar a la ciudadanía. Pero como decía Darrell Huff, no podemos dejarnos engañar por la omisión de datos en las estadísticas: los más de cinco millones de latas que cada día se pierden en la Comunitat Valenciana pueden devolverse a la tienda y dejar de contaminar sus pueblos, ciudades, campos y mares.

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