29 de junio de 2017
29.06.2017

Tres consejos básicos para no hacer el ridículo con su opinión sobre el Orgullo

29.06.2017 | 02:15
Tres consejos básicos para no hacer el ridículo con su opinión sobre el Orgullo

Se imaginan que tuviésemos que seguir hoy, cinco siglos después, explicando que la Tierra es redonda y cómo es el universo que la rodea? Pues así me siento cuando, cada año con motivo de la fiesta del Orgullo Gay, tengo que volver a rebatir las mismas opiniones, que ni siquiera son fruto de una reflexión concienzuda sino de una vanidosa ignorancia, que pretenden denostar la celebración de los derechos civiles de una parte de la población que, aún hoy, en más de setenta países del mundo, está perseguida por ley y, en ocho de ellos, castigada con la pena de muerte.
Así que he decidido echar una mano a todas aquellas personas empecinadas en su ignorancia para que, el año que viene, cuando quieran criticar el Orgullo LGTB se busquen argumentos y teorías nuevas. Son tres claves muy sencillitas, de verdad, confío en su capacidad para memorizarlas. Vamos a ello:

1.- Deje de decir que no entiende cómo nos podemos sentir orgullosos de nuestra orientación sexual o identidad de género cuando no tiene ninguna importancia esa característica. Se llama Orgullo porque precisamente si algo se ha pretendido arrebatar a la población mundial de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales es su dignidad. Y en esa lucha por nuestros derechos civiles y humanos, le hemos dado la vuelta a la vergüenza, a la que sociedad, ciencia, religión y poder nos condenó durante siglos, para convertirla en orgullo. Aquello que debía avergonzarnos, humillarnos, se convierte en motivo de satisfacción, incluso de honra. Basta que usted sienta que un rasgo esencial de su ser es perseguido por la sociedad en la que habita para que, el día que anteponga su dignidad al miedo y a la clandestinidad, convierta ese rasgo, por insignificante que le parezca, en motivo de orgullo.

2.- Deje de reclamar, si tiene un poco de respeto por su propio intelecto, la celebración del orgullo hetero o el orgullo de los rubios. Podría decirle que el orgullo heterosexual se celebra los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año. Podría decirle que la celebración de un título deportivo es, en gran parte, una celebración, ostentosa, como todas las celebraciones, de su orgullo hetero. Pero voy a ir al grano: el día que a usted, hombre o mujer heterosexual, hombre o mujer rubia, sea agredido, humillada, discriminado, rechazada, perseguido, condenada e incluso asesinado por ser heterosexual o rubio, exclusivamente por eso, ese día yo saldré a celebrar su orgullo hetero o rubio con usted. Mientras tanto, deje de repetir esa estupidez o se le va a licuar el cerebro y mañana no será capaz ni de freír un huevo.

3.- Deje de decir que usted respeta que cada uno sea como le dé la gana y ame a quien le dé la gana pero que no es necesario hacer ostentación de ello ni salir en tanga encima de una carroza para reivindicar derechos. Primero, porque la manifestación del Orgullo también es una fiesta –muchas personas se han dejado la vida en el camino para que ahora, en este país, seamos tan ingratos como para no celebrar esos derechos conseguidos con tanto esfuerzo y lucha– y, como he dicho antes, toda fiesta es aparatosa. Recuerde la última boda a la que asistió. Pero, sobre todo, porque si defiende ese argumento, tiene que ser coherente con usted mismo y sostenerlo en Semana Santa, donde se hace ostentación de una fe –rasgo igual de «íntimo» y «particular» que la orientación sexual– con carrozas convertidas en pasos, con feligreses disfrazados de nazarenos o de manolas y con bandas municipales interpretando los himnos tradicionales de la celebración. O con los festejos que rodean a la copa ganada por el Real Madrid, Barça o su club de fútbol favorito, con gente disfrazada con la camiseta de su equipo, con la cara maquillada con los colores de su equipo, con un autobús con los deportistas recorriendo la ciudad... Y usted y yo sabemos que no hay nada más complejo que pretender ser el ciudadano honesto y congruente del mes.

¿No me dirá que no es sencillo de recordar? Le animo a que el año que viene no cuestione una celebración de los derechos humanos –cuestionar esos derechos le deshumaniza– y contribuya a mejorarlos. Hablemos de si el Orgullo LGTB está perdiendo su componente reivindicativo, se está despolitizando, para acabar siendo solo un negocio. Hablemos de los roles de género, de los estereotipos y del daño que hacen a la diversidad. Hablemos de la despatologización de la transexualidad. De Rusia, Siria, Brasil, Marruecos, Uganda? De la diversidad afectivo sexual en las escuelas. Pero, por favor, suba el listón de su discurso, mejore la especie: deje de argumentar, un año tras otro, las mismas estupideces. ¡Feliz Orgullo!

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