30 de junio de 2017
30.06.2017

Por qué nadie nos hace caso

30.06.2017 | 01:41
Por qué nadie nos hace caso

Nadie nos hace caso porque no tenemos proyecto ni tenemos líderes. Aquí simplemente esperamos a que nos hagan las cosas que decida Madrid cuando Madrid quiera. Y así no vamos a ninguna parte.

Si repasamos nuestra historia , después del marqués de Campo, que fue el creador de la València moderna a base de su bolsillo, solo están el primer marqués del Turia, que se jugó su fortuna con la Exposición Regional, los Trénor, que apostaron por la industrialización y los políticos Blasco Ibáñez y Lúcia, que crearon un efímero frente valencianista de prestigio. Después, un erial.

Hubo un intento con la Cumbre de Orihuela hace treinta años y prou. Nuestros líderes políticos son incapaces de hacer un proyecto a medio plazo para impulsar a nuestras tierras en competencia con el resto de España, a la que contribuimos con el 10 % del presupuesto. Se han limitado simplemente a esperar a que nos regalen proyectos desde Madrid o a quejarnos amargamente, mientras en el Gobierno central se preguntan qué es lo que necesitamos o queremos. Y como nos ven siempre enzarzados con debates estériles sobre cualquier propuesta, piensan que lo mejor es esperar a que nos pongamos de acuerdo y a otra cosa.

Y en cuanto a los empresarios y sindicatos, poco les podemos agradecer. Simplemente acuden presurosos como palmeros a las primeras filas de los actos políticos y se limitan a viajar y mantener contactos de privilegio gracias a su carácter representativo, sin tomarse la molestia en pensar en lo que nos hace falta a los valencianos. Mucho lobby y muchas cenas, pero de ahí no se pasa al trabajo real.

Yo conozco muchas versiones de la Plaza de la Reina y de la del Ayuntamiento, otras tantas del túnel pasante o del Parque Central, varias sobre el acceso norte al puerto etc etcétera. Pero nadie hace un plan de futuro que contemple estas soluciones. Quizá fuera mejor desplazar las cargas a Sagunt poco a poco y convertir València en ciudad marítima y no portuaria, ahorrando gastos y contaminación o la modernización del tren de Alcoi, la conversión en autovía la carretera de Vinarós al norte de España, el desarrollo del ferrocarril con Cataluña cuyo problema es la saturación y no el ancho de vía, la gratuidad de la autopista que encarece el transporte, la financiación de nuestro transporte público, museos y salas de conciertos, el AVE Elx/Benidorm, el tren de la Costa entre Gandia y Dénia, etcétera. En definitiva, estar preparados para una eventual segregación de Cataluña que nos convertiría en la segunda ciudad de España y de acogida empresarial nacional.

La guinda la ha puesto un diputado canario que ha pesado mucho más que los 32 valencianos en el debate presupuestario del 2017. Esa es la mejor foto de nuestro peso nacional.

Mientras tanto, hemos visto que en un siglo Sevilla se llevó una Exposición Internacional el 29 y el gran proyecto de Andalucía 92 (no fue solo Sevilla), Barcelona otros tres –la Expo del 29, los JJ OO del 92 y el Fórum–, Zaragoza la Expo Agua del 2008 y Madrid un chorro para su metro y sus autopistas y túneles de tráfico. Todo pagado en su 10 % por los valencianos. Pero da igual. Nadie moverá un dedo. Nos basta con aplicar la memoria histórica y anclarnos en los 80 años del pasado, abandonando el futuro en manos del capricho de Madrid. Pues aún nos pasa poco.

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