22 de agosto de 2017
22.08.2017

Ni tengo miedo ni siento odio

22.08.2017 | 01:00
Ni tengo miedo ni siento odio

Los últimos atentados en Cataluña han despertado, sobre todo en las redes sociales, el fantasma del rechazo y del odio hacia todo lo relacionado con el Islam. Como decía Sami Naïr (2016): «Grandes vientos soplan sobre Europa. Vientos lúgubres que recuerdan un pasado poco glorioso, el del odio y las persecuciones. Vientos de malos augurios que reabren las heridas de la memoria....» Precisamente Naïr hacía referencia a los últimos actos terroristas de Paris (2015) Bruselas (2016) y las agresiones de Colonia (2015) y que son sistemáticamente utilizados para deslegitimar la condición de los refugiados.

Con los recientes atentados en Cataluña, con el fallecimiento de catorce personas y más de un centenar de heridos (algunos de ellos muy graves), y sabiendo que la autoría es de un grupo terrorista de jóvenes marroquís, los fantasmas de la xenofobia (miedo, rechazo u odio al extranjero) y la islamofobia (sentimiento de hostilidad hacia el islam y, por extensión, hacia los musulmanes) están presentes.
Explica Naïr en su libro que el supuesto Estado Islámico aprovecha la situación de confusión general para sembrar el miedo; utiliza los medios de comunicación y las redes sociales para expandir rumores sobre la infiltración de terroristas entre los refugiados. La trama tendida por los extremistas de los dos lados, la extrema derecha europea y el ISIS, acaba por causar efecto sobre la opinión europea: El miedo y el odio están presentes.

Según el diccionario de María Moliner, el odio es un «sentimiento violento de repulsión hacia alguien, acompañado del deseo de causarle o de que le ocurra daño». André Glucksmann en El discurso del odio, dice que es preciso superar el «buenismo» y aceptar la existencia del odio, y que la clave del odio reside en «quien odia, no en el colectivo objeto del odio». El odio existe y es destructivo, a lo que añade Adela Cortina (2017) que en el discurso del odio está la «antipatía y la aversión hacia algo o hacia alguien cuyo mal se desea». Lo que está claro y coincido con Cortina, es que los «discursos del odio debilitan la convivencia». Tenemos que convivir todos y no olvidar lo que decía Massimo D´Alema (2011) presidente de la Fundación Europea de Estudio Progresista, hay 333 millones de europeos, con la media actual de nacimientos ese número caerá hasta los 242 millones en los próximos cuarenta años. «Para llenar ese vacío, serán necesarios al menos 30 millones de nuevos inmigrantes, de otro modo nuestra economía europea se hundirá...».

Los discursos del odio son «tan antiguos como la humanidad y tan extendidos como la totalidad de las culturas», muestra Cortina en su libro sobre la Aporofobia. La solución sin ser mágica está en nuestras manos, respeto de una y otra parte; y apelar como indicaban Stéphane Hessel y Edgar Morin (2011) a una «política de prevención que rechace el rechazo».

Por último, recoger lo que decía Rabindranaz Tagore (1861-1941) en Pájaros perdidos: «¡Cuánta barricada levanta el hombre contra sí mismo!».

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