08 de noviembre de 2017
08.11.2017

Sanidad pública valenciana

08.11.2017 | 04:15
Sanidad pública valenciana

¿Qué está pasando en la sanidad valenciana que día a día se traslada una imagen de maraña? La contestación es sencilla para quienes miren la realidad sin dobleces. Todo parte del año 2003 en que el gobierno del PP suscribió un contrato con la UTE Ribera Salud a la que entregó la gestión de toda la sanidad del departamento de salud 11, que engloba 31 municipios con 250.000 habitantes. El contrato se otorgó por 15 años, y por lo tanto finaliza en abril de 2018; únicamente si ambas partes están de acuerdo podría prorrogarse cinco años más. En estas circunstancias el Gobierno Valenciano no está dispuesto a prorrogarlo y Ribera Salud quiere aumentar su negocio otros cinco años.

Si hacemos un breve recorrido en el tiempo en que ha trascurrido este contrato durante el mandato del partido popular (2003-2015) se observa que por la conselleria de sanidad pasaron seis consellers, y con excepción del último Sr Llombart, los otros cinco están imputados por causas de corrupción y uno de ellos está en prisión. No quiero decir que exista relación directa con la gestión del contrato, pero cuanto menos me reconocerán que no es buena carta de presentación.

Si damos un rápido vistazo a la política sanitaria de aquellos lúgubres tiempos del partido popular, que ahora todos quieren olvidar, se ve que fue una autentica reconversión hacia modelos de privatización de gestión y servicios sanitarios, sin control alguno, es más diría que con intencionado descontrol. Esta traslación se justificaba sobre el manido principio de Eficiencia: "producir lo mismo con menos recursos" y apoyándose en la leyenda urbana que cuenta que el sector privado gestiona de forma más eficiente que el público. Leyenda que trata de mantenerse aun con la enorme crisis económica que vivimos y a la que nos ha conducido un sector privado especulativo financiero, inmobiliario etc., al que han tenido que acudir los ciudadanos españoles con su dinero a rescatarlo y pese a ello siguen repicando en el mismo falso emoticono.

La eficiencia es un principio que desde que yo conozco la gestión sanitaria desde los años 80 ha sido y es valorado y aplicado por nuestros gestores. Cuando el sector público sanitario lo mide y aplica dirige sus decisiones hacia la mayor y mejor calidad del servicio, implementando recursos de la más alta calidad, por supuesto también incorpora la productividad, el gasto, pero no el factor del beneficio económico, y por eso la sanidad española en puntera en el mundo.

Se está tratando de acuñar que la posición de la consellera Carmen Montón es puramente ideológica, sin contemplar la eficiencia, la ´consellera roja´ la llaman, pero esto no es más que una falacia de quien no tiene argumentos (porque no puede contar que lo único que quiere es ganar más dinero a costa de los ciudadanos) y ya solo buscan derribar a pedradas a la consellera roja. Ese cuento de la ideología que se lo cuente a sus Consejos de Administración pero no a nosotros.

La política que lidera Carmen Montón responde al cumplimiento del pacto de gobierno entre el PSPV y Compromis, de hecho y aunque no se le conozca cuando llueven piedras, el secretario autonómico de sanidad es de Compromis. Pero que quede claro, el programa de gobierno de sanidad no es ideológico, sino la respuesta a la necesidad de devolver a los ciudadanos y profesionales el respeto que les fue hurtado por las políticas corruptas del partido popular.

Desde mi punto de vista algunos directivos de Ribera Salud y otros agentes de empresas beneficiarias del aquelarre privatizador del partido popular, están desplegando la estrategia del ´Caos´, actuando en todos los frentes posibles. Acude a los Tribunales intentando retrasar o impedir la reversión, pero como es consciente de sus escasas posibilidades despliega otras estrategias: interpone querellas por injurias por sí o por terceros contra miembros de la conselleria con el fin de amedrentar y disuadir; crea asociaciones paralelas para que actúen contra la conselleria y sus personas; se escribe libritos/libelos (por cierto de una calidad patética) para ridiculizar y ofender a Carmen Montón; se lanza un falso debate sobre la gestión pública/privada y se hace correr de forma bastarda la idea de falta de capacidad de los nuevos gestores de la sanidad valenciana; se trata de crear división incluso en el seno de sectores del socialismo valenciano sobre todo en los sectores más implicados en la esfera sanitaria, siendo conocedores del inevitable espíritu crítico de los sectores progresistas y de las debilidades humanas, porque no decirlo, de las vanidades, egoísmos, narcisismo y esperanzas de algunos para ocupar el puesto que pudiera dejar Carmen y su equipo. Es decir un desembarco en toda regla para acabar con el soldado Montón y ello partiendo del cutre principio de que los políticos solo actúan cuando hay mucho ruido y crítica en los medios y otros agentes externos y que de esta forma pueden conseguir que crujan las rodillas en el Palau y quiten de una vez a la Consellera roja.

Mi experiencia me dice que esta mísera estrategia continuara hasta abril, fecha en que se materialice la reversión de la Ribera, pero creo que continuará después tratando de decir que ha sido un desastre y que las cosas van mucho peor, ya que esa empresa tiene más intereses presentes y futuros en la Comunidad Valenciana y en otras partes de España.

El objetivo de esta estrategia del ´Caos´ en estos momentos es único: cobrarse la cabeza de Carmen Montón. Si lo logra antes de la reversión, mejor para intentar pararla con otro conseller más dócil, y si es después para que todos aprendan que con ellos no se juega, que ellos mandan y los políticos son mera gente de paso, un mal menor.

Es hora de cerrar filas en el gobierno y en los partidos que lo sustentan si queremos de verdad que se respete a los ciudadanos, a sus representantes y al interés general y que los intereses particulares de una empresa sin alma- que por supuesto no es representativa de la mayoría de las empresas- no pueda imponerse.

Se sabe que nuestro sistema público de salud es de los mejores del mundo, pero cuidado con relajarnos. Si se va repartiendo a intereses puramente económicos como una baraja de cartas, irá bajando su calidad y el día en que el organismo internacional competente publique que la sanidad española ha bajado de escalón ya no podremos volver a subir, porque si esto ocurre es porque llevaremos años perdiendo calidad hasta que esto se nota en su conjunto y se pone en un informe internacional, y entonces es irreversible pues la maraña (eso sí que es maraña) de intereses económicos es de tal envergadura que no puede desenredarse, ni hay gobierno que asuma los costes de devolver el respeto y esplendor a la sanidad. No habrá marcha atrás. Habremos perdido lo más preciado que tenemos una sanidad y unos profesionales sanitarios de la más alta talla mundial. Esto es lo que nos estamos jugando, donde Ribera Salud y otros juegan con cartas marcadas y el gobierno valenciano tiene que ser contundente y no permitir que se ningunee y maltrate a instituciones, representantes públicos y ciudadanos.

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