12 de diciembre de 2017
12.12.2017

Sentimientos libres, personas libres

12.12.2017 | 04:15

Te has sentido alguna vez avergonzado de lo que sientes por otras personas? O lo que es peor, ¿te han hecho sentir incomodidades sobre los sentimientos que tienes día a día hacia otros compañeros u otras compañeras? Mi corazón espera que tu respuesta a dichas preguntas sea no, pero mi mente sabe perfectamente lo contrario. Desde que nacemos, sea el entorno que sea en el que crecemos, somos criticados por cada una de las distintas maneras de vivir y de superar el día. La sociedad pretende que sigamos aquella guía imaginaria de los gustos y actividades comunes. Es fácil, si eres diferente, te tratan diferente y te hacen avergonzarte de ello.

Si hiciéramos ahora una encuesta en la calle acerca de la opinión sobre las parejas de un mismo sexo y si seaceptan, probablemente un alto número de personas daría la respuesta de: «claro que sí, yo no tengo ningún problema». Pero la mayoría no actúa con esa decisión a la hora de tenerlo cerca. Durante las dieciséis horas que de media pasamos despiertos diariamente, estamos rodeados de personas que normalmente conocemos o con las que mantenemos algún tipo un tipo de relación. Ahora bien, ¿te sentirías cómodo quedándote a dormir en el mismo lugar que alguna de esas personas sabiendo que es homosexual y que es de tu mismo género? Piénsalo.

Queremos que se sientan bien integrados y que no sean discriminados por ser quienes son y sentir lo que sienten y, sin embargo, seguimos sin aceptar que son iguales que nosotros, que son personas y que por ese simple hecho tienen los mismos derechos que tú y que yo, para expresar sus sentimientos y atracciones y poder estar con la persona que quieren si esta otra también lo desea. Porque en eso se basa el matrimonio heterosexual y tiene que ser igual de respetado que el homosexual. No puede ser que crezcamos educados en los pilares de la Iglesia y siguiendo sus tradiciones sabiendo que no acepta dichas actitudes debido a que son religiones antiguas.

El mundo cambia y nosotros con él. Le tenemos miedo al cambio y a la mejora. Estamos en el siglo XXI, la evolución nos define y por eso mismo no solo deberíamos impartirla en lo tecnológico, sino en todos los aspectos que podamos mejorar. Queremos un mundo seguro, cómodo, justo. Queremos sentirnos aceptados por las personas que habitan a nuestro alrededor o por lo menos no recibir maltratos por la diferencia o por no compartir gustos y opiniones. Todos conocemos el famoso derecho a la vida, y yo te invito a impartir el derecho a la buena vida, rodeado de humanos que respetan y que son respetados, que luchan por la justicia, humanos que tienen el derecho a la igualdad y lo cumplen no solo por el género, sino por cualquier tema. Nunca es tarde para llegar a ser esa humanidad en la que siempre soñamos convertirnos.

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