14 de febrero de 2018
14.02.2018

«Miembras» y «portavozas»

14.02.2018 | 04:15
«Miembras» y «portavozas»

La polémica no es en absoluto nueva, tuvo su momento pionero con el PSOE de Zapatero y aquella ministra feminista, Bibiana Aído, quien decidió que la mejor manera de reivindicar la igualdad de género era inventarse palabras acabadas en a. Una de sus más conocidas aportaciones a la diversidad lingüística fue el término «miembras», que no ha conseguido sobrepasar las fronteras del PSOE y colonizar el habla común, tan reacia ella a los inventos políticamente correctos.

A veces da la sensación de que para confirmar públicamente la pertenencia a la izquierda o al PSOE hay que usar este tipo de consignas verbales, como las «portavozas» de Irene Montero, para hacer ver lo comprometidas que están estas políticas –y políticos– con el tema de género. Yo mismo, que me niego a duplicar las palabras en masculino y femenino ante los alumnos –recordemos que el lenguaje tiende a los atajos, no a los rodeos innecesarios– suelo preguntar a principio de curso si les parece mejor que les hable en femenino, ya que en Bellas Artes hay siempre más alumnas que alumnos, como hago en mi grupo de investigación, donde casualmente solo tengo doctorandas –son las mejores– y donde desde hace ya mucho hablo en femenino, por mayoría. Curiosamente, los alumnos dijeron que como me encontrara más cómodo, no parecía ser algo fundamental para ellas. Creo que las nuevas generaciones, que ya han crecido en un entorno mucho más igualitario, no tienen necesidad de tópicos de corrección política, sino de que la igualdad esencial se viva de verdad en la práctica diaria, en el trabajo, en la pareja, en las instituciones.

Buscar la igualdad de género triturando el lenguaje no es desde luego el mejor camino. Es ejemplo de una política muy deteriorada, ocupada en consignas fáciles y mediáticas, muy alejada del verdadero trabajo de fondo. Además de mostrar la incultura de algunos de nuestros políticos, así como la falta de respeto por la RAE y por el buen uso del lenguaje. ¿De verdad creen que se podría escribir una buena novela duplicando cada vez el género? Pero si ni tan siquiera los políticos se aclaran. Recuerdo alguna transcripción en la que quedaba claro que ni ellos lo hacían bien. Además de lo farrogoso que resulta escuchar un discurso que utilice este tipo de amuletos de inclusividad. Y lo mismo con la escritura: quizas haya que apostar por un neutro genérico, con la e, por ejemplo, en lugar de recurrir a otras formas destructivas del lenguaje escrito como la arroba –terrible alusión a la fuerza de la era digital– o la x que algunos emplean, y que no sé muy bien de dónde sale.

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