02 de abril de 2018
02.04.2018

Los magos ganan a los trovadores

La grandeza del alma no tiene conciencia de los libros de familia

02.04.2018 | 04:15

Antes de ir a dormir, he estado pensando en deseos y voluntades. Por un lado está el movimiento genético y por otro el personal. El apellido es una imponente carga, en una palabra se sintetizan demasiadas cosas; el primero de la saga es el que se lleva todos los honores y la descendencia siempre está expuesta a comparaciones. Por supuesto que nos sentimos orgullosos de nuestro apellido, pero la grandeza del alma y la idea no tiene conciencia de libros de familia. Nuestra obra es nuestra, sigue el ritmo del esfuerzo y el trabajo, con heroica desnudez reposa junto al ser.

Cada persona traza su proyecto vital de una forma: unos comprenden el arte de una manera y otros de otra. Y lo mismo sucede con la vida... No podemos condicionar la existencia por el orden de nuestros apellidos. Construir e incluso renovar, es forjar nuestro compromiso con nuestros deseos y nuestras vocaciones.

Las palabras no pueden describir la altura de la erudición. El hierro no es fuego, pero puede volverse fuego en virtud del contacto constante con el fuego. Cuando una chispa de fuego cae sobre hierba seca, la cualidad fogosa continúa; cuando la chispa cae al suelo, no puede despegar su fogosidad a menos que el suelo sea favorable para ello. La chispa de la silenciosa sabiduría...

Anoche, no sé la razón, en la terraza de un bar hablamos de sexo. Al regresar a casa, me quedé pensando en lo comentado. Me hubiera gustado conocer a aquellas mujeres que llamaban damas. Y aquellos hombres que llamaban caballeros. Me los trato de imaginar, me desaparece toda afirmación corporal. Pienso en los artistas y poetas de otras épocas, deduzco que el realismo no les importaba lo más mínimo y hago un alto en el camino.

La literatura en otros siglos, era la antítesis del realismo, igual que la pintura, la escultura. ¿Entonces, para conocer a aquellas damas tengo que imaginarlas?

Es bonito descubrir el amor, místico y profano, de otras épocas. Los trovadores convirtieron el deseo en pulsión creativa, y entendieron que de nada sirve poseer un cuerpo si no se posee el corazón. ¿Es posible sublimar el deseo y transferirlo a la unión de dos corazones?. Ellos asumían la pasión dominando las fuerzas del deseo, ahora el deseo está por encima del amor. Por supuesto, es una opinión subjetiva, no me gusta elevarme por el camino de la verdad absoluta, creo que es la oscuridad de la mente.

El amor cortés era un juego, despertaban el apetito y luego lo gobernaban con la mente y por ende con la creatividad. El "amor" de ahora, es acumular conquistas y polvos mágicos. Igual preferimos ser magos, los poetas y trovadores están pasados de moda...

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