VICENT ÀLVAREZ - MIEMBRO DEL CONSELL VALENCIÀ DE CULTURA
En este año que hemos iniciado, van a coincidir unos aniversarios muy significativos. Veamos: se cumplirán setenta y cinco años de la proclamación de la II República, setenta años del comienzo de la guerra civil que acabó con tal experiencia, y, también, setenta de que Valencia se convirtiera en capital de la República.
La efeméride del nacimiento de la República del 31, generará según se ha anunciado, algunos actos impulsados por quienes se sienten republicanos, o, simplemente, por aquellas gentes que consideren necesario hacer un ejercicio de justicia histórica. Aquella experiencia, nacida en medio de un gran entusiasmo y expectativas, todavía hoy sigue siendo objeto de polémicas y controversias; efectivamente, aquella República pretendió ser de trabajadores de todas clases, como rezaba en su constitución, siendo víctima de sus propias contradicciones y sobre todo de la reacción de la derecha más castiza, que se alzaría en armas en julio de 1936.
Aquella experiencia representó un momento de grandes cambios, hubo autonomías, reformas importantes en el campo de la enseñanza, se abrieron perspectivas de cambios sociales, incluso de signo revolucionario, el estado se hizo laico, generándose, como ocurre hoy la alarma entre la derecha. Lo importante hoy es ver la cuestión en perspectiva, como experiencia, con cosas, sentimientos, y reacciones que tendríamos que superar. Habría, también, que reconocerle méritos, o aciertos, y, sobre todo, rehabilitar a todo lo que se ha ignorado o silenciado. No podemos soslayar la persistencia de cuestiones de fondo que se reproducen hoy, como hemos comprobado con la discusión del Estatut, o de la religión.
El final de la experiencia, resulta igualmente ilustrativo, con esa guerra entre las dos Españas. Precisamente, esa guerra significó que desde noviembre de 1936 a octubre de 1937, Valencia se convirtiera en capital real del bando republicano. Nuestra ciudad acogió al Gobierno, con todas las consecuencias que ello conlleva.. Aquí se reunieron las Cortes, en el hemiciclo que todavía se conserva igual, del ayuntamiento que ahora preside Rita Barberá, se habilitaron locales para los ministerios y otras dependencias, fueron momento muy especiales y que hoy setenta años más tarde debían tener su espacio de recuperación. Todo aquello, afectaría a la vida cotidiana, a la política, a la cultural, a la educativa, área en la cual se crearían los Institutos Obreros, a la Universidad, al arte y a la literatura. Como elemento central recordemos que en el año 37 intelectuales de todo el mundo vendrían a estas tierras para constituir la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, celebrándose el II Congreso Internacional de Escritores. Me temo, sin embargo, que desde los gobiernos local y autonómico se va a pasar de los temas, nuestros gobernantes, de claro signo derechista, sospecho no estarán por la labor.
Estos eventos, que generaran iniciativas partidistas o de otro tipo, deberían, también, ser objeto de atención institucional, el gobierno del estado y el nuestro, de signo conservador este último, tendrían que aunar esfuerzos. Como ya he indicado, y me gustaría equivocarme, No resultaría explicable que el gobierno central, y la gente de izquierdas dejaran pasar la ocasión. La historia, la más reciente, e, igualmente, la más lejana, es una fuente de experiencia y una referencia a no perder de vista. Hay que recuperar la memoria histórica sin rasgarse las vestiduras. Seguimos con temas y problemas que deben tratarse con normalidad, el de la unidad del estado, el religioso, el de los cambios sociales, de la moral. Por eso, en momentos como estos, y ante nuevas manifestaciones de aquella visión de rojos, separatistas, ateos..., la historia nos sirve, ayuda entender y ser ciudadanos del siglo XXI, superando prejuicios.