JAVIER CUERVO
Apartir del Modafinil, un estimulante que se receta para la narcolepsia y la apnea, hay científicos que estudian una pastilla que permita permanecer despierto durante 22 horas diarias sin sentir cansancio. Los que lo toman sin estar enfermos dicen que se despiertan a las cuatro horas muy animosos. Pero igual de gilipollas que antes de dormir porque sólo piensan en volver a trabajar y el fin de semana en no descansar: Salen de juerga el viernes por la noche y el sábado por la mañana van a esquiar. Ese optimismo es altamente sospechoso en tiempos en los que sólo importan la productividad en el trabajo y la velocidad en el consumo.
Los investigadores quieren llegar a fármacos que den un sueño eficaz que ahorre las fases de sueño más superficiales, menos reparadoras. ¿Por qué no inventan algo para el resto de la vida que evite las pérdidas de tiempo de bajo rendimiento, sean laborales, familiares o sociales? Porque el sueño viene en ayuda cuando uno se encuentra en el aburrimiento: en el trabajo, con modorra; en familia, con pereza; en sociedad, con bostezos... No quieren acabar con el aburrimiento improductivo, quieren acabar con el sueño. Cuando hablan de sueño reparador es porque creen que dormir es una avería en una máquina que podría funcionar muchas más horas. No hablemos ya del sueño creativo en el que trabajan los escritores fantásticos. Hay un sueño recreativo y los más aficionados practicamos incluso un sueño estropeador que te tiene en cama hasta que duele la postración. Más tiempo sí, pero según para qué. Para dormir, vale. Para trabajar de sol a sol, no me despierten.