EMILI PIERA
Supongo que a muchos lectores les debe haber llegado a su correo electrónico un mensaje como el que yo tengo a la vista: sostiene que el medicamento conocido por el feo nombre de Tamiflu, cuya eficacia frente al virus de la gripe aviar no ha sido, en ningún caso demostrada, fue desarrollado por Gilead Sciences Inc -cuyo supuesto accionista principal es Donald Rumsfeld, arquitecto de la gigantesca pifia en Iraq-, medicamento, digo, vendido a la Roche y comercializado por esta firma.
No suelo prestar atención a las informaciones de Internet: sus datos no están contrastados, ni ordenados ni jerarquizados y sin estas condiciones, nada me parece fiable. Mejor dicho, me lo parecía: cuando el desastre del Prestige se propagó por todos los tejidos de la Red, el texto de un catedrático catalán, si no es molestia, que señalaba, con amplios detalles, los contactos del armador y el consignatario del buque-basura con personajes encumbrados de la política de tres o cuatro países, entre ellos Bill Clinton y algún otro igual de elevado de nuestro propio país. No le di mayor importancia. Si no vives en la paranoia, sólo te alcanzará tu flecha, la que tienes reservada. Sin embargo, varios meses después -he dicho meses- me encontré con un extracto de esa misma información (con los nombres más comprometedores eliminados) en las páginas del diario El País, qué cosas.
O sea, que ya nos vamos aclarando: comer pollo asado, frito o cocido no entraña ningún riesgo. Quienes tengan tratos con volátiles, pueden probar el Tamiflu, pero dudo que les sirva de algo, de todos modos comprendería sus medidas de precaución. Por último, reparemos en la facilidad con que despierta nuestro terror a una enfermedad que sólo ha causado cien muertos en todo el planeta, mientras la ministra Elena Salgado se propone redimirnos de nuestros hábitos insalubres: váyase a esparragar, ministra, que para cuidarnos o no, ya estamos nosotros.
empica5@yahoo.es