EDITORIAL
El brillo y oropel que habían caracterizado hasta este momento el arranque del Palau de les Arts en Valencia se vieron repentinamente ensombrecidos el pasado sábado cuando una avería provocó el hundimiento de parte del escenario principal durante un ensayo, sin que, afortunadamente, se registraran heridos. Un proyecto que tanta ilusión y expectativas ha desatado, como símbolo incluso de una ciudad, no puede desmoronarse a los pocos días de su arranque con un incidente de estas características.
Precisamente la proximidad a su inauguración es lo que hace aún más significativo este desgraciado hecho ya que permanecen frescas las críticas del arquitecto autor, Santiago Calatrava, a las prisas con que se ha empezado a utilizar el recinto, al tiempo que reclamaba más tiempo para poder concluir en condiciones la obra. De hecho, dos de las salas previstas aún no se han podido abrir.
Los consellers de Economía, Gerardo Camps, y de Cultura, Font de Mora, tienen hoy la obligación de arrojar luz sobre las circunstancias que rodean el suceso del pasado sábado, envuelto hasta el momento en una opacidad informativa notable. Deben despejar las dudas sobre la preparación o no del personal técnico, sobre las razones últimas de que se quemara la bomba hidráulica y, sobre todo, de cómo repercutirá en la programación artística. Las empresas y los responsables están obligados a mantener la ilusión que el Palau ha despertado.