MANUEL MUÑOZ
Dicen quienes de ello saben que los accidentes se anuncian y las averías se concatenan. ¿Qué significa eso? Pues que, a juicio de determinadas personas, no era sorprendente que en algún momento algo no funcionase como debiera en el rutilante Palau de les Arts que tantos millones de euros ha costado y seguirá costando al erario público valenciano. ¿Por qué? Pues porque, pese a que la maquinaria escénica ha sido construida por firmas de indiscutible autoridad internacional en ese campo, todo parece indicar que no se ha contado con el necesario período de adiestramiento y práctica para el personal encargado de manejarla. ¿Ha sido esa la causa de la avería que mantiene hundida 2,5 metros por debajo del nivel de escena la plataforma móvil central? Pues no seré yo quien lo afirme, porque esa pregunta la deben responder el informe que se está elaborando y la investigación que se ha emprendido, cuyos resultados no estarán antes de uno, dos o tres meses. Y todo parece indicar que ese será el inconcreto plazo para que esté reparada la plataforma averiada: uno, dos o tres meses.
Hundimiento, pues, de la plataforma, suspensión -ya irreversible- de la última representación de La Bohème prevista para el domingo pasado. Hecho singularmente lamentable, habida cuenta de que quien estas líneas firma contaba con entradas para asistir precisamente ese día. No obstante, en el Palau de les Arts dan por seguro que la programación se podrá salvar y que el próximo día 16 se estrenará el montaje de Don Giovanni, de Mozart, con dirección musical de Lorin Maazel. El parche será una plataforma fija que ya se apresuran a construir las empresas Acciona y Dragados para salvar la situación en tanto es reparada la plataforma averiada.
Si todo esto es así, no se habrá hundido la temporada, como se temía el sábado pasado, cuando se produjo la avería. Pero lo que circula en trayectoria descendente es el prestigio de esa casa y de quienes han lanzado su imagen intentando apostar por lo más caro posible para conseguir el mayor brillo posible, quizás sin atar suficientemente aspectos básicos. Y probablemente sin practicar de forma adecuada virtudes tan elementales como la prudencia y la humildad.
Tampoco es acertado el secretismo con que están llevando todo ese desgraciado asunto. Parece propio de una sociedad democrática que de manera inmediata los responsables políticos, los técnicos o ambos hubiesen convocado a la prensa para informar, visitar la zona afectada y ofrecer la posibilidad de captar imágenes a las cámaras de fotografía y televisión, cosa que hasta ayer no había ocurrido. La primera rueda de prensa será hoy, tres días después de los hechos. Así pues, quizás no sea una gran catástrofe. Pero no ayudará a Francisco Camps a ganar las elecciones.