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CIPRIANO TORRES Los veo por la tarde. Están todas las tardes de la semana. Y cuando llega el viernes, y mucha gente está deseando cortar el rollo y meterse debajo de la manta de otras cosas, ellos, como empastillados, permanecen ahí, sin descanso. Tampoco se lo dan a la audiencia. Saltan de un programa a otro dentro de la misma cadena, de modo que si uno los ve y no presta mucha atención a la hora podría pensar que son las seis de la tarde cuando en realidad son las doce de la noche. O algo peor, que el tiempo, sádico, se ha detenido sin miramientos y hace bucles con una elección espantosa. Me pregunto, y me lo pregunto en serio, si esa gente duerme en algún jergón extendido en alguna covacha de las cadenas en las que trabajan, me pregunto si no tienen familia ni amigos con los que compartir algo que no sea la faca de cortar corazones ajenos, bien es verdad que la mayoría encantados de que su corazón, al peso, sea laminado en horario de tarde o noche. ¿Cuándo está en su casa Jaime Cantizano? ¿Tiene casa? ¿Dónde se ducha María Patiño? ¿Lo hace en los lavabos de Antena 3, así, a garfadas, como antes hacíamos en los pueblos en los que el agua se traía en cántaros y cubos de las fuentes del río? Por las tardes abren consulta, ofrecen consejos, husmean en las vidas ajenas, trafican con chismes en A3bandas. Todos los días. Pero llega el viernes y, como si tal cosa, se tiran hasta las tantas de la madrugada tratando de dilucidar una cuestión que, además de a ellos, sus colegas, quien se presta, y quien los ve en casa, parece preocupar mucho. Esta es la gran pregunta que se hacen. ¿Dónde estás, corazón?
Lo que espeluzna de esa búsqueda no es que indaguen en la víscera a la que le hemos atribuido, con poética ingenuidad, los sentimientos más nobles, el amor, el sacrificio, la entrega, el compromiso, la amistad, el cariño, el deseo, sino que indaguen sólo la parte más brutal, dañina, ponzoñosa, ruin, mezquina, malvada. Hay quien se pregunta, y yo también, si los políticos -sí, hablo en general- reservan la nobleza de su corazón para el ámbito familiar y la vileza para lo público. Los ojillos entornados de José Blanco como alfileres helados hacen el mismo efecto que la sonrisa encajada de Eduardo Zaplana. Podrían formar parte de esas citas vespertinas o nocturnas en las que, los no adictos, no sabemos movernos bien, y tenemos dificultades para discernir el teatro de la realidad. Nunca sé si Chelo García Cortés va o viene, si Gema López es una mosquita muerta, si Antonio Montoro las mata con el rabo, o si Gustavo González es un impostor. Que conste que lo que digo de unos y otras podría decirlo de otras y unos, así que nunca sé si Gema López va o viene, Gustavo González es una mosquita muerta, o Antonio Montoro es un impostor. Advierto de todo en todos, una camarilla viciada que sabe moverse en esas aguas infectas para hacer atractiva la repulsión. Cuando en la misma cadena se dice que Santi Acosta, hasta hace dos minutos en Tele 5, llega con un programa que será la hostia en verso del reportaje de investigación, y te dicen que lo acompañarán eminentes colaboradores, te dices, vale, venga, a demostrarlo. Pero sabes que no puede ser.
¿Quién lo acompaña? Los nunca vistos. La inefable Ángela Portero, el grave Albert Castillón, la cansina Paloma García Pelayo. Y la ordinaria Idoia Bilbao. Perdonen que me retire. Momento arcada. Lo mismo hubieran operado, a corazón abierto, la víscera de los abuelos de Madeleine McCann, con el que se estrenaron el lunes, que podrían formar parte del equipo que lo busca preguntando eso, dónde estás, corazón. En la mesa de operaciones de vivo color sentó la semana pasada Jaime Cantizano y sus compinches a una tal Edurne González. Tampoco yo la conocía. Fue presentada como ex mujer de Antonio Morales, el hijo del cantante Junior. Me quedé. Vi entera la intervención. La técnica del equipo está muy bien engrasada. Cercan a la víctima, que deja de serlo en el momento que ella consiente estar ahí, como cazadores avezados, una mirada, un silencio, un empujoncito, un tanteo, sueltan el bocado, dan una de cal, vuelven al bocado, la dejan que hable de lo que ella quiera, que se relaje, y de nuevo al ataque. En resumen, lo que pretendían era que la mujer diera titulares, desvelara la otra cara de la familia de Rocío Dúrcal. Y los dio. Nada es lo que parece en esa familia. Todos, menos la artista muerta, le hicieron el vacío. Más. Han logrado que la justicia le arrebate los hijos, y con ellos la casa. La acusan de mala madre por no llevar a los críos al colegio, y de estar malcriados. Lo hace nada menos que Junior en una revista. Entonces, el presentador del programa, lo dice claro. Junior ha cambiado las lágrimas -por la muerte de Rocío- por la ira y la rabia contra su ex nuera. Un folletín.
¿No tienes nada que decir?, preguntaban relamiéndose. Que es mentira, decía la mujer. Que mi ex marido no quiere los niños sino la casa, pero una cosa no iba sin la otra, así que pidió su custodia, y con un informe amañado y erróneo lo ha conseguido. Es muy duro lo que dices, saltó encantada María Patiño bajando la cabeza y mirando con ojos de fiera a punto de embestir. Con el siguiente invitado, el Potro de Vallecas, Poli Díaz, la cosa les salió rana. Esta noche, anunció el oficiante, viviremos en directo el combate más importante de Poli con las drogas. No fue así. El Potro les sacó los colores que no tienen. ¿Es verdad que tienes un hijo de 17 años?, metieron la navaja para saber dónde estaba el corazón del ex boxeador. Sí, pero de eso no quiero hablar porque eso vale más dinero. Venga, pues otra pregunta. ¿Te sientes explotado, usado por tus padres?, quiso saber Maripati. No puedo contestar a eso, Patiño, eres mala. No creo que lo sea. Es algo peor. Ella y el resto de charlatanes de basurero. Es gente recrecida sobre un estercolero erigido con el material menos noble del corazón, el de la ignorancia y la necedad. No ayudan, ni tratan de hacerlo, convierten los sentimientos en materia inflamable, pura anécdota, para usar y tirar.
Carodmanía
Tú eres La Pantoja de la política. Se lo decía Jordi Évole, el Follonero, a Josep Lluís Carod Rovira. Es la estrella mediática más perseguida por todos los programas desde su paso por la última edición de Tengo una pregunta para usted, Premio Ondas 2007. El jueves acudió al programa de Andréu Buenafuente en La Sexta. Y echaron unas risas. No todos los políticos se mueven con soltura en ambientes así, sin flamígeros enfados. cipriano.torres@hotmail.com

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