EDITORIAL
Valencia ha vuelto a vibrar durante todo el fin de semana con su flamante gran premio de la Comunitat Valenciana de mototiclismo, que pone cada año el broche de oro y brillantes a la temporada motociclista, acaparando la atención de los aficionados de todo el mundo. El Circuit Ricardo Tormo ha vuelto a batir todos los récords y con una impecable organización se ha vuelto a hacer acreedor del título de mejor gran premio de la temporada, aunque la muerte de tres personas en las horas previas ha empañado el éxito cosechado. Es de vital importancia la adopción de las medidas necesarias para evitar un accidente como el que le costó la vida a una menor de Paterna en una exibición motera a altas horas de la madrugada, en las que se corren riesgos totalmente innecesarios por el exceso de la euforia que provoca la explosiva mezcla de drogas y alcohol. A escasos metros de donde se registró el accidente que le costó la vida a la joven de 15 años, murieron otras dos personas en 2004, en otra desgraciada exhibición de caballitos y cuando aún se preguntan cada mañana sus familiares el porqué de tamaña desgracia, la sinrazón y la falta de medidas eficaces para evitar tanta desmesura vuelve a sesgar la vida de una adolescente. El éxito organizativo y deportivo de mil millones de grandes premios carece de valor comparado con un instante de la vida de la menor fallecida la madrugada del sábado. Y si las instituciones responsables no son capaces de acabar con el desenfreno que cada año se reproduce en las calles de Cheste, la muerte de Azahara no habrá servido, desgraciadamente, para nada.