CÉSAR CAMPOY
Regresó Parlem clar, renovado a medias. La buena nueva: la presencia de Manu Ríos, una profesional del medio televisivo, al frente. Está ahí para lo que toca: introducir, preguntar y moderar. Punto. En cuanto al resto, nada nuevo bajo el sol: temas ya trillados en mil y una tertulias a esas alturas del día (madrugada) y de la semana, y carencia de asuntos netamente valencianos, que siguen vetados de manera flagrante, quién sabe por qué. Bueno, tal vez porque la libertad de pareceres en TVV continúa estando estrangulada. Y, como apenas existe el debate, y sí, prácticamente, la opinión única, la competencia periodística y profesional muta y se traslada al hecho de competir por demostrar quién siente más simpatía por unos colores (siempre los mismos) y quién es capaz de ridiculizar con más ahínco la labor del enemigo perenne ZP. El problema es que tal ejercicio puede alcanzar límites insospechados, y, un día, el asunto se nos puede escapar de las manos. Esta semana, sin ir más lejos, en la tertulia del Bon dia, Comunitat Valenciana, después de que se nos siguiera recordando, por activa y por pasiva, la «ruinosa» política exterior de Zapatero y su «demoníaca» regularización masiva, alguien llegó a preguntarse en voz alta qué podíamos hacer para evitar que el porcentaje de fieles al Islam creciera en Ceuta y Melilla. Afortunadamente, otros contertulios pusieron un toque de cordura en el café matutino y aclararon que se puede ser español, buena persona y, además, musulmán. Cuidadín, cuidadín con el exceso de celo por la causa, sobre todo, si este tipo de aseveración no viene de un tertuliano (que, al fin y al cabo, cobra por decir lo que piensa, y en su derecho está), sino del responsable del debate de una televisión pú-bli-ca.