MARIA JOSEP PICÓ - EL COMENTARIO
Las tormentas de polvo y de arena no sólo influyen en el clima, sino que también pueden tener efectos negativos sobre el medio ambiente y la salud, pues tienen capacidad para favorecer la transmisión de enfermedades, incrementar la polución atmosférica, potenciar la salinización de los suelos y afectar la fertilidad de los océanos. Por esta razón, la Organización Meteorológica Mundial impulsó, hace tres años, un programa de vigilancia global de este fenómeno con el fin de controlar el impacto del polvo mineral en la calidad del aire, el sistema climático y los ecosistemas. El desarrollo de un sistema experimental de alerta de tormentas de polvo para Asia y el Pacífico fue presentado en marzo de 2006 y a principios de este mes, en una reunión celebrada en Barcelona, el estado español fue escogido como centro regional -integrado por un consorcio de tres instituciones- para estudiar en el norte de África, Oriente Medio y Europa estos eventos, aumentar el conocimiento de los procesos involucrados en su formación y mejorar la capacidad actual de su predicción.