CIPRIANO TORRES
Decía el domingo por la noche David Cantero en el Telediario, antes de dar paso al reportaje, que éste sería el último año que los falangistas y otros nostálgicos del régimen celebrarían en el Valle de los Caídos el aniversario de la muerte de Franco. También en la plaza de Oriente madrileña vimos la momia de Blas Piñar desempolvando su teatro de títeres. Pasaron imágenes de la caricatura. Izquierda, derecha, izquierda, derecha, decía una voz marcial, que manejaba la horda de camisas azules que se dirigían tiesos al espeluznante panteón con paso tan militar como cómico. El año que viene, cuando la cordura cívica restituya cierta dignidad a la historia de la humillación permanente que ese megalómano cementerio cainita representa, se prohibirán por ley esas mascaradas. El lunes se preguntaba Vicente Vallés en Tele 5 si la extrema derecha ha resurgido.
Las respuestas de los tertulianos no son unánimes, como si negándolo se espantara ese fantasma. También estos días hemos visto fenómenos extraños avanzando por la calles reivindicando patéticas exclusiones, pistola en mano. Son niñatos sin cerebro manejados por quienes sí lo tienen. Una de las consignas que prenden muy rápido en la sementera baldía de la ignorancia es la del rechazo al diferente, al inmigrante ¿Y si les diera por entrar en un tren de lavado para limpiar la calle de gilipollas fanfarrones? Después de más de siete meses del ataque feroz que sufrió en Alcalá de Henares Miwa Buene, un congoleño de 42 años, su agresor, Roberto Alonso de la Varga, sigue en la calle. El agredido, en Toledo, en silla de ruedas, con los parapléjicos. No sé si me dan más miedo esos canallas o la justicia laxa. Mientras no se ponga las pilas, Miwa no será el último.