EDITORIAL
El certamen Urbe Desarrollo, que ayer cerró sus puertas en Feria Valencia, ha sido un fiel reflejo de la coyuntura que atraviesa en estos momentos el sector inmobiliario. La contracción del mercado -especialmente acentuada en la segunda residencia- ha borrado prácticamente de los expositores las promociones en la costa, cuya presencia ha sido fundamentalmente para liquidar existencias. Los constructores han centrado su oferta en primera vivienda en núcleos urbanos, aunque sin grandes promociones -con algunas excepciones- pero con proyectos singulares.
Como los propios empresarios reconocían en la inauguración de certamen, es hora de aplicar imaginación e innovación para vender aquello que hasta hace apenas unos meses se vendía prácticamente solo, sin necesidad de grandes esfuerzos. En esta ocasión han adquirido gran importancia en Urbe los equipos comerciales y ha sido, sin dudas, la edición de las ofertas que han servido de gancho para cerrar ventas.
Frente a la incertidumbre provocada por la crisis en EE UU y la subida de los tipos, los empresarios han optado, pues, por nuevas fórmulas que les permitan superar la desaceleración. Y entre sus apuestas figura también una petición a la Administración: que se simplifiquen las normas urbanísticas que, a su juicio, dificultan un desarrollo normalizado de su actividad. Una reclamación que parece razonable, pero que en ningún caso debe suponer carta blanca.