FERNANDO DELGADO
La ventaja de tener a un vicepresidente designado de antemano es que, ganadas las elecciones, ya tienes ese trabajo hecho. Lo digo por la proclamación oficial de Pedro Solbes como futuro vicepresidente económico que se ha permitido hacer el que parece estar seguro de que será el próximo presidente del Gobierno. Pero ya se empieza a hablar incluso de candidatos a la cartera de exteriores, y hasta se dan los nombres de algunas vicepresidencias, con lo que de irse confirmando esos rumores podríamos asistir a una manera inédita de ir formando gobierno de aquí a marzo.
La verdad es que con lo difícil que resulta que la gente se lea los programas electorales, por mucha cabeza de premio Nobel que les metas dentro, o precisamente por eso, tal vez lo más fácil para explicar un proyecto sea en algunos casos las caras. La de Solbes, por ejemplo, explica muchas cosas. Y la ausencia de Moratinos, si se confirmara, explicaría otras. Distinta cosa es que al Rey le guste que se cumpla con la liturgia de que, llegado el momento, el presidente le cuente el gobierno que se propone formar, pero también se lo puede ir contando poco a poco.
Sería más útil, sin embargo, saber si el presidente se propone elaborar un nuevo organigrama de gobierno que responda a nuevas necesidades de coordinación por la interrelación de unas áreas ministeriales con otras, por la nueva realidad creada por las transferencias a las autonomías o sencillamente por las exigencias de nuevo orden. En cualquier caso, cualquiera que aspire a gobernar tiene todo el derecho a pensarse su equipo con el tiempo que le dé la gana, y supongo que lo mismo puede callárselo que comunicarlo urbi et orbe.
Otra cosa es la presidencia del Congreso, a la que, sin saber aún con quién tendría que llegar a acuerdos en caso de ganar las elecciones, ya Zapatero le ha puesto el rostro de José Bono. Algunos se preguntan si esto implica algún mensaje de distanciamiento de Zapatero a los nacionalistas o si con esa elección pretende el presidente arrebatarle a su desleal oposición el discurso de las esencias patrias de las que tanto gusta Bono. Pero Durán Lleida, en lugar de advertir al presidente de que esas no son formas, lo que dice es que CIU tiene mucho que decir y decidir. Llamazares, en vez de preguntar a Zapatero a cuenta de qué este anuncio adelantado de la entronización de Bono en el Congreso, reclama ser escuchado y dice que prefiere una mujer donde Bono. Pero el PP, que tenía esta vez materia argumental para meterse con Zapatero, prefirió una tontería: «El retorno de Bono es el beso de Judas», dijo el diputado Ballesteros, tan pintoresco como grotesco.