PEPE SANCHO
Premio de televisión de La cartelera de Levante-EMV, el presentador valenciano Màxim Huerta ha hecho méritos más que suficientes como para alcanzar este galardón. Quienes le conocemos de tiempo valoramos su justo ascenso profesional, una evolución que Màxim ha acompañado de un cambio de look radical hasta alcanzar un aspecto casi metrosexual. Yo admiro a Màxim, porque él es de joven lo que yo hubiera querido ser de mayor, pero me quedé con las ganas. Lo único que no le envidio es tener que estar constantemente en contacto con Belén Esteban, también enclavada en torno a Ana Rosa, porque la buena mujer me produce náuseas y un prurito de urticaria. Sigo pensando que es la ordinariez elevada al cubo, una abanderada del semi analfabetismo y la inventora de la palabra hortera, lo cual le ha sido recompensado con un luengo contrato en Telecinco, que le ha convertido en la bien pagá y confirmado la baja selectividad de la cadena de Berlusconi, con excepciones muy honorables como la del propio Màxim Huerta. Con Arturo Valls y Pablo Motos, Màxim conforma el trío de mosqueteros valencianos de televisión que se fueron a Madrid y conquistaron la capital sin armar un Dos de Mayo, pero con fuerza. Justo es que encuentren allí lo que aquí se les negó, porque en Canal 9 con la Tárrega ya tienen bastante. Creo que ella es el justo castigo a la gestión de Pedro García, a quien no vi el otro día cuando se celebró el Día Internacional de los García. Posiblemente le diera corte, y no por el apellido, sino por haber acabado, llevándolo a peor, con el exiguo prestigio que contaba en España la TVV, a base de grandes escabechinas en el ente sin venir a cuento.