MALDEOJOS

Esto no se toca, quita

 
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CIPRIANO TORRES E sto no se toca, quita, con esto no se juega, dale, quita los pies de la mesa, en el sofá no se juega, esto no se toca, niño, con esto no se juega, dale, aquí no se juega a pelota, quita, en el salón no se juega, dale, no pises la alfombra, me vas a dar un disgusto, dale. No lo soporto. Me saca de quicio la cancioncilla de los cojones. La han bordado. Como espectador soy terrible. O me engancho o hago como Terelu Campos, que escupe su indignación sobre el Tomate a la cara del mismísimo Jorge Javier Vázquez. Uno frente a otro, sentados no muy cómodos pero sí tensos en un sofá sin niños vestidos de indio ni huevones dando la tabarra con la batería, la presentadora no se cortó un pelo, y su voz grave, sacada de las tripas, le dijo que si ha decidido hablar para Aquí hay tomate es porque considera que el programa es de humor, aunque repugnante. Hay que hacer un poco de historia. A cuenta del picha brava Pipi Estrada -con ese nombre sólo puedo hacer como Paloma Cuevas, decirle al mayordomo con una mirada que saque de una puta vez los bombones, para relajarme un poco, porque me descojono-, la hija de María Teresa Campos estuvo un día sí y otro también más pringada que los de la tomatina valenciana de Buñol. Era la época en que los nueve polvos por noche dieron la vuelta a las cadenas, y la pobre Terelu, avergonzada, salía de casa como una virgen pendona. Eso no se hace, dale, con eso no se juega, quita, me vas a dar un disgusto, coño.
En la entrevista al tomate, Terelu dijo que llegó a desconectar todas las televisiones de su casa. Loquita. Dijo también que la idea del programa es excelente, pero que está alcanzando una degradación insoportable. No, no le produjo acidez sino sensación de injusticia. Y por último, que aunque su familia dependiera de eso, ella no lo presentaría. Es que no sabría hacerlo, le dijo a Jorge, aún uno frente a otra, ahora de pie, con una copa de cava en la mano para, si quieres, Terelu, brindar por tu reconciliación con Aquí hay tomate ¿Reconciliación?, qué va, dijo ella impasible, en todo caso brindo porque os olvidéis de mí por un tiempo. La cosa quedó así, Aquí hay tomate 1, Terelu Campos 0. De alguna forma ha claudicado. Y Carmen Alcaide, que sí sabe presentar el urticante, desmadrado, y truculento follón, lo sabe. Menuda es. Jorge Javier parece más atrevido y lenguaraz, pero doña Carmen es la pera. Jorge Javier tiene corazón. Doña Carmen es fría como el gazpacho, puro tomate. Creo que también tiene aparición pagada en un debate que, además de La noria, presenta Jordi González sobre las evoluciones de los encerrados en la casa de Guadalix. Ni siquiera esa vivienda de clausura es tan caótica como la del anuncio. He visto la versión extensa en YouTube y los nervios me salían por la boca. Yo no podría vivir en una casa así, y mucho menos si un tipo, altavoz en mano, nos va diciendo con esto no se juega, dale, esto no se toca, quita los pies de la mesa, quita. Desde el primer día que escuché la coplilla sabía que arrasaría y que sería el politono de la temporada. Y como dijo Andreu Buenafuente en la gala de los Premios de la Academia de Televisión, sus creadores han dado en la diana, han convertido una chorrada en un hallazgo publicitario.
Algo de esa voz deformada de hojalata tiene una histérica de Está pasando, que la otra tarde daba alaridos al borde de la Cibeles en Madrid porque empezaba la cuenta atrás para el encendido navideño. ¿Y si les pusieran bozal antes de abandonar Tele 5? Fue tal la hilarante, desmedida y absurda alegría de colegiala de la reportera que Emilio Pineda y Lucía Riaño, asombrados, la cortaron en seco, y con la excusa de dar paso a otra payasada de última hora jamás volvieron al alumbrado público de la capital de España. Esa tarde celebraban los cien programas de emisión, aunque el país celebraba algo peor, la emisión a la atmósfera del derroche energético más absurdo en nombre del consumo y la gilipollez que parece trastornar las cabezas por Navidad, que al parecer cada año se adelanta un poco. Ya mismo veremos el anuncio de Freixenet con el bañador puesto. Hasta el año pasado las burbujitas doradas eran Penélope Cruz o Nicole Kidman, pero desde éste la promoción del cava entra en la historia con nombres como Martin Scorsese, que ha dirigido el anuncio en el que una botella se convierte en el centro de una trama que rinde homenaje al maestro Alfred Hitchcock. Contra la simplicidad del anuncio de la república de tu casa, con cojines en el suelo, mecanos desparramados por la alfombra, nenes que saltan como monas de un sofá a otro, y adultos que ponen las zancas en el borde de la mesa del salón, la sofisticada y compleja puesta en escena de Scorsese con el mismo objetivo, consume y que arda el mundo.
Creo que ninguno de los dos anuncios hubiera pasado el filtro de la censura franquista. En la última entrega de Imágenes prohibidas, que La 1 volvió a emitir con algunos retoques de su director, Vicente Romero, volvimos a viajar a la cabeza enferma de los censores, con sotana o sin ella, aunque el poder episcopal, según el documentado, prolijo, y desternillante trabajo, jamás relajó su implacable ferocidad. El censor católico llegó a prohibir una escena del Don Juan Tenorio, del director Alejandro Perla en 1952, porque los actores se rozaban con excesiva pasión. El meapilas calificó la cinta como «altamente peligrosa». El primer guión juntos de Juan Antonio Bardem y Luis García Berlanga fue rechazado en su totalidad, entre otras razones porque la guardia civil erraba al disparar contra un atracador, «y la guardia civil española no falla». Eso no se toca, quita, con la guardia civil no se juega, dale, a los curas no se les pone la pierna encima, hostias. El arzobispo de Valencia, Agustín García-Gasco, se lo explicó a la vicepresidenta del Gobierno en la oficina central romana. No se puede construir una sociedad al margen de Dios, dijo. Sí se puede, hombre. Y se debe. Pero Maritere Fernández de la Vega, educada, no cogió la bocina y le soltó a la cara, quita los pies de la mesa, en el salón no se juega, hala, a la cama sin cenar. Por malo.
cipriano.torres@hotmail.com

Estreno
El jueves se alzaba el telón para ver «Garrick», el último montaje de El Tricicle en Madrid y del que, qué curioso, todos los programas del chichi encendido se hicieron eco. Mmm. ¿Repentino interés de Ana Rosa Quintana, Jaime Cantizano, o María José Molina, la de «Gente», de La 1, por la cultura? Qué va. ¿Quién coño es El Tricicle? Los reporteros cazaban en la puerta, donde estaba la noticia. Que llega, que llega Paulina Rubio.

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