GREGORIO MARTÍN
Hoy vicepresidenta, mañana candidata por la provincia de Valencia. Reconociendo que el trabajo político no es fácil y algunas cuestiones muy complicadas, desde una posición racional que si quiere llamamos progresista, no se justifica la ambigüedad ante problemas importantes que afectan a las gentes que se aspira a representar.
Hace ahora más de 15 años, el equipo (y los que les siguieron) que estaba al frente de la Autoridad Portuaria de Valencia (APV) impulsó las posibilidades del puerto, sobre cuatro bases, hoy plenamente confirmadas: a) El contenedor como elemento primario en la movilidad de muchas mercancías; b) La explosión del tráfico con China y los países asiáticos; c) Ser el punto de acceso para el import/export del centro peninsular y d) Ofrecer una plataforma para los productos propios de su hinterland (cerámica de Castelló y coches de Almusafes como principales protagonistas). Eran tiempos en los que el camión era el indiscutible receptor/proveedor de contenedores por vía terrestre.
Cuando la demanda creciente del uso de sus muelles, indicó que había llegado el momento de hacer nuevos planes, eran años en los que el cambio climático no pasaba de extravagancia científica, el ferrocarril un medio que iba a seguir perdiendo cuota de mercado y la fachada marítima un recurso sin excesiva valoración para muchos valencianos. Aunque todo ello hoy ya no sea cierto, la decisión tomada hace años fue poco discutida entonces: especializar y ampliar el puerto de Valencia para el tráfico de contenedores, impulsando el acceso de camiones a sus instalaciones, y dotar a Sagunt de recursos para acoger el resto de tráficos (mercancía general, graneles sólidos y grandes líquidos). El dibujo era una APV con dos grandes instalaciones especializadas, con mas de un millón de personas habitando entre ellas (Gandia tiene otra vocación y dimensión).
La idea atrajo a la segunda naviera mundial y más tarde se han abierto incluso conversaciones con la primera; la fachada marítima recobra expectativas comparables a los tiempos de la Lonja. Sin embargo durante estos últimos años han surgido condiciones nuevas, que deben analizarse para enfrentar con racionalidad un futuro cada vez mas difícil de predecir. Estos son los nuevos datos aparecidos:
a) La formidable demanda residencial de la fachada marítima para usos de difícil compatibilidad con lo estrictamente portuario y cuyas manifestaciones han sido las obras de la Copa del América, el circuito de Fórmula 1 y unas urbanizaciones en la costa, demasiadas veces excesivas.
b) La voluntad de abrir la capital al mar y que lleva a los arquitectos y empresas urbanizadoras a plantear exigencias que no estaban recogidas en los planes portuarios.
c) La tardía, pero indefectible, toma de conciencia de luchar contra el cambio climático, lo que obliga a traspasar el tráfico de mercancías de la carretera al ferrocarril, cuando aquí, aún se piensa en un túnel urbano para que los camiones accedan desde el puerto hasta el Carraixet (el conocido y caro Acceso Norte).
Aunque el problema ha cambiado sus parámetros, la APV, ignorando las nuevas condiciones, iba gestionando los permisos ministeriales necesarios (Economía, Fomento y Medio Ambiente) para poder ejercer su legítima autonomía presupuestaria, y ello se ha dado sin que nadie desde Madrid, pudiera, o quisiera, abrir el debate con los estudios que requería la nueva situación. Es democráticamente duro que hayamos conocido con más detalle las pegas del Allinghi para volver a regatear, que las de los funcionarios del ente Puertos del Estado ante lo propuesto por la APV. Un silencio que puede crearle al PSOE, en Valencia, casi tantos problemas, como la dirección de obras le ha generado, en el acceso del AVE a Barcelona.
Ante la pregunta ¿ampliación en Sagunt y/o Valencia?, la respuesta es clara: faltan estudios y es necesario repensarlo con tanta urgencia como rigor. Sin embargo, el tiempo ha pasado, Madrid ha callado y cualquier día la APV puede licitar las obras de la ampliación de Valencia.
Entonces, ya no habrá ni necesidad de estudio, ni de debate, y ello cuando, hace sólo un mes, la UE era concluyente respecto a su política: «Es necesario reurbanizar las zonas portuarias de las ciudades y/o alejar del centro urbano la industria portuaria y el tráfico interior correspondiente, por motivos medioambientales y de seguridad; la ciudad puede prever entonces una utilización más adecuada de zonas especialmente adaptadas a las necesidades de los ciudadanos, el transporte de pasajeros, los cruceros turísticos, las actividades culturales, o incluso la vivienda u otras actividades económicas.»
Hoy aparentemente conocemos lo que piensa la Generalitat del PP: «ampliación del puerto de Valencia cuanto antes y Sagunt también» (lo que rumie la alcaldesa puede tener otras claves, aunque sean tan resbaladizas como las actuaciones del entorno del Allinghi o las disputas entre arquitectos de renombre). Por el contrario, al otro lado, el PSOE, opta por el silencio y la ambigüedad. Sin que ello signifique defender a priori la opción Sagunt, es necesario decir que técnicamente hay que estudiar la situación, antes que se den decisiones de facto con la licitación de obras y éste es un mínimo legítimo a pedirle hoy a la vicepresidenta/candidata y al PSOE. Es posible que si no impulsa un estudio que explique a los ciudadanos los pros y contras de cada opción, puede estar incumpliendo sus obligaciones tanto como responsable política de Puertos del Estado, como de la credibilidad del mensaje que vaya a dar en marzo a los votantes valencianos. Esperemos que éste no sea un ejemplo explicativo acerca de las razones por las que algunos pueden quedarse en casa el 9-M.
*Catedrático de Ciencias de la Computación. Universitat de València.