CIPRIANO TORRES
C hico, qué quieres que te diga, no la tengo pequeña, es decir, no tengo problema, pero por eso, porque no tengo problema, quiero tenerla más grande. Un día, un colega de oficina me dijo que se la estaba agrandando sin operaciones ni fármacos, sin implantes. Por supuesto yo hice mis averiguaciones, y me dije, yo también quiero tenerla más grande. Y lo conseguí. Ahora sí puedo decir que estoy bien armado. Y qué quieres que te diga, he ganado mucho en mis cosas, ya sabes. No he perdido la cabeza narrando mis intimidades a los lectores como si contara mi testimonio a Patricia Gaztañaga. Allá cada cual con su diario. Pero sé que tenerla más grande forma parte de un deseo que podemos llamar universal. Hasta los babuinos de La 2, conscientes de que una cámara graba sus retozos, o eso creo, deformado sin remedio por el medio, se la sacan con la misma naturalidad con que Matías Prats irrumpe en el zoo de A3bandas, invitado por Jaime Catizano, el rey de la manada, para que adelante en conexión los contenidos de su revistilla. Es la novedad, una conexión en mitad del gallinero para prestigiar no sabe uno a quién, si al que conecta o al conectado. Cuando me parto el culo, siguiendo ya el desbarre con el que empieza esta columna, es cuando veo al señor Matías en camisa de faena -sensación de trabajo- y con los brazos extendidos y apoyados en la mesa de redacción -sensación de cercanía- contando en titulares lo que Jaime y sus maripilis llevan la tarde contando, que la baronesa se mea otra vez en Alberto Ruiz Gallardón.
No la tengo pequeña, escribía arriba. ¿La tendrá ella más grande que Mariano Rajoy pero menos que Esperanza Aguirre? Cualquier exhibición que haga Carmen Cervera es noticia. Si la cosa vira a gresca, las televisiones se ponen cardiacas. Si huelen que hay meneo se movilizan como el que la tiene grande pero quiere tenerla aún más. Aunque la televisión jamás dirá ahora sí que estoy bien armada. Es insaciable. ¿Siguen el culebrón de Yo soy Bea? Lo digo porque sus guionistas han perdido el oremus. Quieren tenerla no grande sino infinita. Veamos. Vale que Cayetana de la Vega, directora de contenidos de Bulevar 21, pierda su altiva distinción con el mochilero -según término de la siempre brillante Bárbara, la barbiloca, divina Norma Ruiz- porque Jota, el chico para todo, Israel Rodríguez, tiene ese punto macarra que a las ricas damas tanto morbo les produce, vale que el personaje de Mónica Estarreado haya subido a la moto de Jota y anden por el mundo retozando, vale que haya dejado en la estacada al banquero rico, pero lo que ya huele a operación de alargamiento, con fármacos e implantes a todo trapo, es que el tal banquero, y según voy viendo algunas tardes, se líe con Richard, el fotógrafo de la revista, una pluma viva, el mariquita déspota que tan bien encarna David Arnaiz. Me adhiero a ciegas a los damnificados de la serie. Si alguien decide abrir una línea para denunciar el maltrato a la audiencia, cuenten conmigo.
Que nadie me malinterprete en estos tiempos en que las cadenas, buenas como monjitas de anuncio, están dispuestas a colocar en la pantalla, cada vez que un hijoputa hinche a palos o mate a su pareja, el número 016 al que deben de llamar las maltratadas. Lástima que las que hayan sido asesinadas no puedan alcanzar el teléfono para avisar de que la sangre corre por el pescuezo. Qué putada. Algunas cadenas saltarían de alegría con ese estúpido compromiso alcanzado ante María Teresa Fernández de la Vega. Es lo que les faltaba. Un tranquilizador de conciencia. Mientras pongan el numerito pueden seguir jugando con el dolor ajeno, frivolizando con la desgracia, tan fotogénica, banalizando los sentimientos. Y seguirán los diarios de Patricia tratando de unir, sorpresa, sorpresa, a víctima y verdugo, a maltratadas con maltratadores. Moral caduca, rémora religiosa, lo que Dios ha unido que no lo separe el desamor, y si lo separa ahí está la televisión, para reparar lo roto. No llega a tanto Terapia de pareja, que La Sexta brinda a parejas en crisis para reconducir su situación. ¿Diferencias con otros programas? Muchas. En La Sexta nadie acude engañado. No hay sorpresa que valga. Son dos quienes llegan al acuerdo de que un equipo de expertos entre en casa, vea, analice, y aconseje pautas de conducta. Y más, y más importante. El equipo de sicólogos, Arantxa Coca y Mariano Betés, no trabajan en una dirección, es decir, no se empeñan en que la pareja tenga que volver a los tiempos del amor sin problemas ya que, llegado el caso, les sueltan a la cara lo que la pareja barruntaba, que no tienen arreglo, que la relación llegó a su fin. Vamos, que si ella conoce a un mochilero y él a un fotógrafo molón, no se lo piensen. Y adiós muy buenas.
Y como la cosa de hoy va de alargamientos no muy naturales, esta columna también hace juego sucio y estira lo anunciado, como ya es norma en los programas, hasta el límite de lo desvergonzado. Con cachondeo o sin él, hasta Eva Hache usa la técnica del Tomate avanzando unos contenidos que se alargan en el tiempo y que se anuncian en clave de parodia, pero que se retrasan con idéntica mala leche. Tele 5 es la gran experta. Incluso en programas serios. Vicente Vallés, antes de dar paso al último bloque de publicidad en La mirada crítica, dice que después de ella sabremos, por ejemplo, si es momento o no de comprar una vivienda ahora o hay que esperar unos meses para que baje el precio. Te deja así, boquiabierto, como si de verdad tú estuvieras, que no estás, en ese trance. Y te tragas los anuncios. A la vuelta sólo le da tiempo, porque los créditos del programa van que chutan por la parte baja de pantalla, a decir que no, que es mejor esperar, y adiós, hasta mañana. Chico, qué quieres que te diga, no la tengo pequeña, es decir, no tengo problema, por eso, porque no tengo problema, quiero tenerla más grande. Así empezó esta columna. Se acabó el misterio. Cómprate el Jes Extender, un artilugio anunciado en un canal TDT. Asqueroso, ¿no?
Contra Eta
El verdadero rostro del vivales Francisco José Alcaraz -no encuentro otro calificativo para ese señor que dice encarnar a las víctimas del terrorismo- quedó retratado la tarde del martes. Su AVT no acudió a la manifestación contra ETA. ¿Y? Sin ser Rappel, aquí lo advertimos. Con un tipo así el PP no puede darse besitos. O los llamarán, como al concejal socialista Pedro Zerolo, maricones. La discrepancia y unidad los encabrona.
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