PEPE SANCHO
Atravesar un puente tan largo como el que estamos terminando tiene reflejo en la baja audiencia de televidentes, que acertadamente prefieren pasar el puente sin televisión a verla y tirarse por la barandilla. Baja la audiencia, pero no la calidad de los programas porque ello ya resulta imposible. Algunos de los pregrabados se emitieron según costumbre, como el de la Tárrega, que no era la forma ideal de comenzar el largo puente colgante, pero allí estaba ella y sus enemigos, los cámaras, que le hacen una mala pasada cuando toman a la buena mujer un primer plano y detectan con descaro lo que hay realmente bajo de aquellas luengas y rubias melenas. La señora de Quevedo reunió esta vez a siete «magníficos» en torno a la problemática de padres e hijos, con auténticos modelos de paternidad ejemplar como Pipi Estrada, Paco Marsó o Marlene Mourreau, todos ellos cualificados como santos progenitores, o una hija abnegada y amante de su padre como Sofía Cristo, auténtica «redentora» del Cristo Ángel en varios programas de rentable televisión. Claro que el programa no da para más y, eso sí, pone los pies de frase escritos en correcto valenciano, para que no se diga. También trabajó Buenafuente el jueves, pero como cada cual graba cuando quiere, no era muy fiable su actualidad. Eso sí; Gran Hermano se dio en vivo y en grosero, que para eso están ahí cobrando sus desdeñables actuantes. Y no se debió emitir en el día de la Constitución porque la constitución del programa puede ser hasta anticonstitucional. La 1 de TVE nos dio una historia del tema del día, con opiniones para todos los gustos, pero con la ventaja de no andar de «edredoning», porque solo faltaría eso a nuestros probos políticos.