FERNANDO DELGADO
Es probable que los lectores del diario italiano La Stampa desconozcan el esperpéntico escenario, dominado por la mentira y el engaño, en el que el gobierno de José María Aznar nos instaló después de la tragedia madrileña del 11 de marzo de 2004. Y supongo que para ellos no sería tanta la notoriedad de Aznar López en la siniestra aventura de Iraq como para recordar la mentira en la que se instaló para tratar de justificar su decisión de implicar a España en aquel desastre. Así que, gracias al no desmesurado interés que los italianos puedan tener por su marido, doña Ana Botella de Aznar puede acusar ahora en Italia de mentiroso al Gobierno español, terrorismo por medio, con la tranquilidad de que serán pocos los que adviertan su caradura. Y como en los tiempos en que ella vivía en La Moncloa los italianos tenían bastante con inquietarse con Berlusconi, apreciado amigo de Botella que puede volver ahora a estafar a su patria, y no debían seguir la crispación de la vida española, alentada por el buen carácter de su esposo, pues es fácil que la señora presente a la sociedad española dividida por primera vez, por culpa del gobierno actual, sin decir además quién se empeña más en esa división, y que le crean. Que el actual gobierno le parezca a ella el peor después de la muerte de Franco parece lógico, y menos mal que quedó claro que no incluía al gobierno de Franco en su valoración, pero es un alivio que, dada la credibilidad de la que goza, pudiera aclarar a los que perversamente piensan que ella y su marido tienen las riendas del PP, entre ellos su propio entrevistador, que nada más falso. Falso, falso, falso... Claro que si el entrevistador tiene todo tan claro como que Botella es la «copia madrileña de Hillary Clinton» tampoco contarán los lectores italianos con muchas razones para confiar en su capacidad de percepción. No creo, sin embargo, que la intención del periodista fuera ridiculizar a Ana Botella con esa comparación y, mucho menos, ofender a la señora Clinton en estos días tan inquietantes para ella.
Pero lo comentado hasta ahora de esa entrevista apenas tiene importancia por previsible. Lo verdaderamente revelador de las declaraciones de Botella es que nos aseguró que Aznar no tiene nostalgia de poder porque está haciendo ahora lo que siempre quiso: «Llevar la vida de un intelectual». Y como tampoco era la intención de Botella ridiculizar a su marido, explicó en seguida en qué consistía eso: leer, escribir, pronunciar conferencias. Y como prueba de la capacidad del ex presidente como intelectual explicó la rapidez con que aprendió inglés, tan pronto dejó la presidencia, subrayando lo bien que lo habla, como deben haber podido comprobar sus alumnos en la Universidad de Georgetowm. Unos cuantos desmentidos muy verosímiles: Aznar no manda más en el PP que Rajoy, tampoco gusta del poder y, además, no está haciendo una fortuna, como pudo haberse desprendido de algunas informaciones que lo presentan como hombre de negocios. Es un intelectual de vocación, vive de eso y para eso, y gracias a eso nos ilumina. En el diario La Stampa no han apreciado bien el gran valor de esa entrevista ni el nivel intelectual de su entrevistada.