Los actos taurinos que se celebraron ayer en Almassora con motivo de las fiestas del Roser dejaron un sabor agridulce. El encierro, a cargo de la ganadería de Mariano Sanz y que tuvo lugar a primera hora de la mañana, se saldó con un un herido leve por asta de toro y otros dos por contusiones. A ellos se le sumaría un tercer herido, también por asta de toro, en los festejos de la tarde.
Según informaron fuentes municipales a través de un comunicado de prensa, un corredor, vecino de Vila-real y de 18 años, recibió una puntada cuando recorría por la calle San Vicente durante el encierro. El herido fue operado en la enfermería por el cirujano taurino de una herida de 14 centímetros en el muslo derecho. Rápidamente fue trasladado al hospital La Plana de Vila-real donde, al cierre de esta edición, permanecía ingresado en planta con pronóstico leve. En cuanto a los heridos por contusiones, uno de Vila-real y otro de Onda, también fueron atendidos en la enfermería sin complicaciones.
Ya por la tarde, llegaría un nuevo susto con la exhibición del astado que patrocinaba las peñas La Kelly y el K-Nut. Según fuentes municipales, un joven fue corneado en la axila en la salida del segundo toro de la tarde. El varón, de la peña El K-Nut, fue intervenido en la enfermería por el equipo médico del cirujano jefe de la plaza de toros de Castelló, Gustavo Traver.
El herido, vecino de Almassora y que estaba consciente, fue trasladado al Hospital General de Castelló tras serle reconstruida la axila derecha desgarrada por la cornada. Tras estabilizarle y reconstruirle la misma, el equipo médico autorizó el traslado. Al cierre de esta edición el herido permanecía ingresado con pronóstico reservado, según fuentes del hospital General.
Tras la última cogida, el Ayuntamiento decidió suspender a las 19.00 horas el último toro de la tarde que patrocinaba la peña El Porrat. No obstante, el cartel taurino se retomaría por la noche. Tanto el Concejal de Fiestas de Almassora, como el alcalde, Vicente Casanova, el edil de Seguridad, Luis Martínez, y el presidente de la Junta Local de Fiestas se interesaron en todo momento por el estado de los heridos.
Pese a los incidentes, Almassora decidió dejar las penurias económicas a un lado, aparcar las graves consecuencias de la gota fría en su distrito marítimo y, por espacio de nueve días, se entregará sin desmayo a la juerga y el desenfreno, a los toros y la música, a la tradición y a la innovación en el programa de actos. Todo, con el común denominador de las celebraciones en honor a su patrona.
El chupinazo del viernes no es sino la excusa para arrancarle al calendario una noche más de fiesta. Y qué noche. Se ha convertido en una de las jornadas más intensas de las fiestas. Almassora cambia su fisonomía desde el mismo momento en que Diana de Vicente Clausell prendió fuego al cohete que marca el inicio de las fiestas, y se entrega extasiada cada vez que hacen lo propio las damas de su corte de honor: Rosa Ana García Bayarri, Paula López Piñón, Tatiana Martínez Guerra y Jennifer Santolaria Sancho. A este respecto cabe señalar que el cohete se disparó antes de que lo encendiera la reina pero sin más consecuencias.
Después, música por doquier y visitas obligadas. El Recinte de la Marxa es parada ineludible para vecinos y forasteros, pero los más prefieren diseñar una ruta particular para saludar a aquellos amigos que defienden la singularidad de la fiesta desde cada uno de sus respectivos casales. Por eso brilla con luz propia el del Perico, en la calle Sant Cristòfol, en los últimos años punto de encuentro de todos aquellos que no conocen límites horarios.
Sin sitio para una tregua
La jornada del sábado resulta especialmente intensa. No existe momento alguno para la tregua. Los toros se van exhibiendo uno a uno, hasta la noche con las emboladas, sin que por ello se vea mermada el resto de la programación. Destaca en ese sentido la inauguración de la II Muestra de Vinos y Productos Selectos que ofrece Divino en su local de la calle León XIII.
Pero el espectáculo taurino mantiene intacto su poder de convocatoria. Y después más música y más jolgorio. Verbena en el Mesón y actuación estelar de Nena Daconte en el Recinte de la Marxa. De nuevo los casales se adueñan de la noche, acaparan la atención de los más juerguistas y prolongan sus ganas de fiesta hasta bien entrada la madrugada, que en la mayoría de los casos es más allá de lo que el cuerpo aguanta.
Y eso siempre se nota el domingo.