ALEXIS RUBERT
El Villarreal logró ayer con contundencia su segunda victoria en la Liga Europa y, sobre todo, reforzó su moral pensando en los encuentros que se avecinan. Apenas quince minutos bastaron para encarrilar el marcador y lograr tres tantos ante un Lazio que no tuvo opción. Dos goles más en el segundo tiempo, uno por cada bando, reavivaron el enfrentamiento.
Valverde apostó por un once distinto del que se enfrentó al Tenerife, pero igualmente competitivo. Ángel, Gonzalo y Nilmar fueron las novedades en un sistema clásico, mientras que por parte italiana su entrenador, Davide Ballardini, fue más conservador y reservó a algunos de sus titulares para afrontar el calcio del próximo fin de semana.
Los partidos europeos siempre se viven con intensidad y, en este sentido, dos acciones conectaron rápidamente al Villarreal. La primera, el gol de Pirès en el minuto inicial. La segunda, la expulsión poquito después de Baronio con cartulina roja, sin duda excesiva, que dejaba a los italianos con un efectivo menos. Yendo por partes, un centro de Pirès desde la izquierda de la frontal acabó en un intento de remate del brasileño Nilmar, que impidió que Bizzarri viese la trayectoria del esférico. Fue gol. Era el mejor comienzo y El Madrigal volvía a vibrar como en las grandes ocasiones.
Y siguió la fiesta. El Lazio se cargaba de tarjetas al estar con uno menos y ser víctima de la presión ambiental. No tardó en llegar el segundo tanto. Cani controló en el centro del área grande, recortó, se acomodó el chut y batió a Bizzarri.
Un cambio radical
Se sentía a gusto el submarino y, producto de un centro al área, Diakhite derribó a Nilmar dentro del área. Penalti claro. Balón a los once metros para el experimentado Pirès y el francés anotó el tercero con un estadio que no daba crédito a lo que veía en el campo. El pánico de hace una semana se había transformado en seguridad y un peligro constante en terreno ajeno.
Con el citado marcador, el Villarreal tenía la noche a placer, pero la expulsión, merecida e inoportuna, de Gonzalo dejó el partido equilibrado en el aspecto numérico. Pero la noche no era para los italianos y Foggia mandó la pelota al travesaño para que continuara la fiesta o, al menos, no llegaran los nervios. Sebas Eguren pasó a jugar en la demarcación de central.
La segunda parte se inició con el contratiempo del cambio de Diego López por Oliva. El gallego aguantó el final de la primera parte pero con molestias musculares. Nada debía cambiar si se prestaba la atención necesaria en defensa, aunque el esguince de tobillo de Llorente minutos después empañó en parte el buen partido del submarino, al perder al principal referente en ataque. Zárate y Rossi cerraron la cuenta.