En la plaza Fadrell se vendieron 4.500 kilos de clementinas en la mañana de ayer, domingo. Casí el cuádruple de lo previsto en un primer momento: 1.300 kilos. De hecho, muchos castellonenses se quedaron sin poder comprar fruta y llevarse el exprimidor de plástico que se regalaba por cada tres kilos de compra.
«El Mercat de la Taronja es una idea pionera en todo el mundo», aseguraba el alcalde, Alberto Fabra. Por su parte, el director técnico de Fepac, Doménech Nácher, afirmaba que era una «buena idea para salvar la campaña citrícola». Una campaña «moderadamente optimista porque, aunque los precios son relativamente buenos, la producción no ha sido muy elevada».
Este singular mercado, que se repetirá domingo tras domingo, mientras dure la campaña, permite a los pequeños agricultores, esos cuyas explotaciones no superan las 5 hectáreas, «acceder a un canal de venta de su producción», señala Nácher, quien matiza que, al no existir intermediario, «el consumidor puede comprar la fruta a un precio más económico y, al mismo tiempo, el agricultor consigue un precio más elevado que el que le pagarían las cadenas de distribución tradicionales».
Clementinas del árbol a la mesa. Recién cogidas y a 70 céntimos el kilo. Para Alberto Fabra, en ningún momento se puede considerar esta medida como una competencia desleal a los supermercados, «sino como un apoyo necesario para los agricultores».
Alberto Fabra deja al margen los posibles beneficios que puedan obtener los agricultores para redondear los resultados de la campaña. El verdadero objetivo de esta iniciativa es triple: potenciar el consumo de cítricos entre los ciudadanos, prevenir la gripe A y, al mismo tiempo, evitar el abandono de huertos que conforman el cinturón verde de la ciudad.
En la primera jornada sólo acudieron cuatro agricultores que vendieron en tres puestos, lo que creo cierto malestar entre los consumidores. Sin embargo, el éxito obtenido hace presagiar que el próximo domingo puedan vender sus clementinas un mínimo de 10 citricultores y, sobre todo, «con mucha más producción», se indica desde Fepac.
Cualquier agricultor del término de Castelló puede vender sus naranjas en la plaza Fadrell, sólo debe pedir la autorización en la sede de Fepac «con el objetivo de comprobar que son realmente agricultores y que no damos cabida a personas que vendan fruta procedente de hurtos», señaló el alcalde, Alberto Fabra.