Cincuenta años después la imagen de Sant Sebastià, patrón de Vinaròs, volvió ayer a bajar a la ciudad con motivo de la celebración del IV centenario de la llegada a la ciudad de su reliquia. La imagen permanecerá en la ciudad hasta el domingo 31 de este mes cuando regresará a su lugar en la iglesia de la ermita.
La capital del Baix Maestrat vivió ayer una jornada histórica no sólo por la bajada de su patrón, sino por la masiva participación de los vinarocenses en todos los actos organizados en el día del patrón. Según estimaciones policiales se calcula que cerca de 20.000 personas subieron ayer hasta el ermitorio, de las cuales 4.000 participaron en el Camí de Foc, que arrancó a las cuatro y cuarto de la madrugada desde la iglesia arciprestal.
La especial romería preparada este año, con antorchas encendidas, estuvo acompañada en gran parte de su recorrido por una espesa niebla. La mayoría de los romeros iba con el atuendo de la bufanda, guantes y gorra rojos y todos portaban las grandes antorchas. La niebla daba un ambiente especial a esta romería, difuminando la figura de los romeros y ofreciendo una luz tenue.
Una espectacular imagen la que se podía ver desde las cuestas de la ermita, una vez se desvaneció la niebla, con una enorme lengua de fuego que subía hasta lo más alto.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando la reliquia de San Sebastián, en plenas cuestas de la ermita, fue flanqueada y acompañada por los cuatro gigantes de Vinaròs. Esto sucedía minutos antes de las ocho de la mañana.
La reliquia estuvo acompañada por los «Pelegrins» de Catí a Sant Pere de Castellfort, así como varios cientos de personas más detrás de ella sin antorchas. Una vez en el ermitorio, y en una gran carpa, se procedió al reparto de chocolate y bizcocho para los romeros.
Pasadas las ocho de la mañana de ayer miércoles 20 de enero, la reliquia entraba en la plaza de la ermita, momento en que se bailó la danza guerrera de la Todolella y posteriormente actuaron Les Camaraes. La iglesia de la ermita acogió seguidamente la misa de peregrinos y se ofició la misa mayor, que se hizo desde las escaleras de acceso a la iglesia, en la plaza de la ermita para que todo el público pudiera seguirla sin problemas de espacio.
La eucaristía estuvo oficiada por el arcipreste, Emili Vinaixa, y presidida por el obispo de Tortosa, Javier Salinas, a los que acompañaban más de 15 sacerdotes. Al finalizar el oficio religioso se procedió a bendecir por parte del obispo la olleta de cordero. Se repartieron un total de cinco mil raciones entre la multitud de personas que llenaban el ermitorio. Una olleta que se preparó con unas calderas cedidas desde el Ayuntamiento de Almassora.
Bajada del patrón
A las tres de la tarde y tras la comida, salía de la ermita la imagen de San Sebastián acompañada por la reliquia y un numeroso séquito dirección a la ciudad. Eran pasadas las cinco de la tarde cuando la comitiva llegaba a la plaza San Esteban.
El lugar estaba abarrotado de gente que esperaba ver la imagen del patrón, que sólo se traslada del ermitorio a la ciudad cada 50 años. Allí, en la plaza, se había preparado una estructura para elevar a la imagen y a sus porteadores en el aire. En ese punto hubo una nueva actuación de Les Camaraes frente a la reliquia, que era portada por el obispo de Tortosa, mientras que la banda de música La Alianza interpretaron el «Patria y Fe» y el «Himne a Vinaròs».
Desde este punto se inició una masiva procesión general por la calle del Pilar, plaza Jovellar, calle Socorro, plaza San Antonio, travesía Safont y calle Mayor, llegando frente la arciprestal donde nuevamente actuaron Les Camaraes. Ya en el interior del templo se cantaron los «gojos» de Sant Sebastià.
La llegada a la iglesia marcó el punto final a una intensísima jornada.