Liga Adelante

El Castellón se queda sin crédito (2-2)

Los albinegros fueron incapaces de mantener la ventaja del 2-0 y acabaron empatando

 
Leo Ulloa se lamenta tras ser sustituido por Guerra en los minutos finales del encuentro disputado en el estadio de Castalia.
Leo Ulloa se lamenta tras ser sustituido por Guerra en los minutos finales del encuentro disputado en el estadio de Castalia.  manuel molines

A segundos de las seis de la tarde, a segundos del pitido inicial, Leonardo Ulloa se fabricó un momento para la intimidad, entre el jolgorio de renovada fe de la grada, al calor agradable de los últimos rayos de sol, de vuelta al estadio, indicando que lo realmente definitivo ya está aquí. Ulloa se quedó solo en el punto de cal del círculo central, en su pequeña burbuja y besó con infinito cariño la pelota, una, dos, tres veces, ganándose su favor bendito. Porque peleado con el gol se encontraba el argentino, fallando lo embocable durante semanas, hasta el minuto 22, cuando se enteró de su conquista, por fin, en el choque ganado ante Cygan, el muro derrumbado, y el cabeceo leve pero letal que encontró la red para señalar el camino a un Castellón apurado, que avanzó de inmediato hasta el segundo gol, de Mantecón, y que custodió la ventaja con poca lucidez y mucho miedo, pavor a ratos tras el dos a uno de Txiki, que resultó, tras batalla interminable, el anticipo del empate doloroso y definitivo, el dos a dos final de De Lucas, que encaró en ventaja a César, que cedió el espacio necesario para el largo pase a la red del amarillo.
Empató el Castellón en casa ante el Cartagena, incapaz de sostener, sin fútbol y sin cuerpo, la superioridad del rival en cada una de sus líneas. Agota el crédito la escuadra de Bartolomé Márquez, en su aplazamiento eterno de la realidad, empate a empate, quiero y no puedo, o puedo y no sé, con veintiséis partidos y veinte puntos, a seis, a falta de los encuentros de hoy, de las plazas de permanencia.
Pero antes del drama, saludó la dicha a los albinegros. El acierto apareció providencial en el ecuador del primer acto. El Castellón aguantaba el empate sin goles a duras penas, sin noticias del centro del campo, demasiado largo el equipo sobre el tapete, destensado, sin vías efectivas hacia la dupla atacante que formaron Nico Medina y Leonardo Ulloa. Sólo cuando enlazaron, y lo hicieron poco, Rafita y Palanca, a modo de avispero, se merodeó el área con cierto criterio.
El Cartagena, seguro en el buen hacer de Mariano Castillo en el eje, a menudo enquistado en la zaga, tercer central, dominaba la pelota, y halló una vía peligrosa en el flanco izquierdo de su ataque, donde Lafuente, a pie cambiado, maltrató a Pedro con reincidencia. Por fortuna para los locales, fallaron con el estoque. Primero, Toché al cabecear desviado una buena rosca; y después el propio Lafuente, al terminar con disparo alto una incisiva diagonal desde el pico del área.
Sin embargo, fue el colista quien hizo de poderoso. La testa de Ulloa desvió un centro de Xisco Campos desde la parte izquierda y, sin tregua, Mantecón cazó un rechace tibio de Rubén, tras una apertura de Rafita a la diestra, donde Palanca encaró y se marchó de Signorino para templar un molesto balón flotante. Mantecón, al quite, marcó a placer y, entre atónito y feliz, el Castellón vivió sus mejores minutos del partido.
Siguió corriendo detrás del cuero, como toda la tarde, pero dejó de perseguir sombras, para planear emboscadas. Así, a través del robo y la transición, pisó tanta área como su rival. En el alambre, el partido se dejó querer. En caso de marcar los locales, la distancia sería definitiva. En caso contrario, como ocurrió, tocaría bajar a la morgue.
Así, Toché desperdició un regalo de Pedro, un mal despeje, y pifió el remate. Luego Palanca zumbó a la bola violento, directo a la cruceta. En la réplica, Lledó salvó el intento de Toché, en el Norte, tras pase de De Lucas y, en el Sur, César cabeceó fuera una pelota parada de Rafita. A la quinta, hubo bala, y en un saque de esquina, de rebotes sin dueños, Txiki se revolvió para acortar distancias.
En el segundo tiempo, el Cartagena maduró su punto con paciencia. Acentuó su control, desbravado el Castellón, que no supo combatir la diversidad de recursos ofensivos de los visitantes. Por afuera, sin ayudas, los laterales crujieron a menudo, sobre todo Pedro Hernández. Por dentro, entre líneas, Mario Ortiz fue incapaz de tapar tantos agujeros, casi nunca a tiempo entre los centrales, en inferioridad ante la llegada de segunda línea.
Algo debió advertir Márquez desde el banquillo, y Enguix sustituyó a Nico Medina, el Castellón capeó el asedio poco a poco, en un falso resurgir. Justo cuando avistaba la meta, abnegado, desquiciándose por el árbitro, De Lucas demostró que no sólo es bullicio. Encontró un espacio a espaldas de Pedro, y encaró a César antes de acomodarse el disparo cruzado. Fue el dos a dos, que ya nadie se atrevió a discutir.

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