La baja temporal del presidente de la diputación y concejal Carlos Fabra por motivos de salud repercutirá de forma directa en el equilibrio de poderes del Ayuntamiento de Castelló y reducirá a la mínima expresión la mayoría absoluta que ostenta el Partido Popular desde que en 1991 ganara José Luis Gimeno sus primeras elecciones.
No pasa desapercibido que la ausencia del concejal número cuatro de la lista del PP abocará el escenario del pleno a un empate técnico de 13 concejales del PP contra 12 del PSPV y 1 del Bloc, que en caso de pacto podrían igualar en número de votos a la formación popular.
Esta circunstancia obligará al alcalde, Alberto Fabra, a utilizar su voto de calidad en aquellas cuestiones en las que no sea capaz de convencer o llegar a acuerdos con los dos partidos de la oposición, circunstancia que cuando se trata de temas de calado político se da en muy contadas ocasiones. Hasta la fecha, el alcalde sólo había utilizado este voto de calidad una vez, pero la marcha temporal de Fabra puede forzarle a recurrir en más de una ocasión a esta baza de urgencia en un futuro muy próximo.
Cierto es que la mayoría del PP no peligra sobre el papel porque el reglamento municipal no indica ningún caso en el que se deba alcanzar una mayoría matemática para poder llevar adelante un acuerdo. Según el Bloc, esta circunstancia sólo se produciría por exigencia de la legislación estatal en el caso de la aprobación del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) o de sus modificaciones, aunque no existe previsión de que este tipo de tramitaciones se debatan en pleno durante los meses venideros. Aún así, no es menos cierto que el PP quedará sometido a la presión de que ninguno de sus concejales falle a las sesiones plenarias si no quiere que PSPV y Bloc puedan aprovecharse de una hipotética mayoría fugaz que les permitiría sacar adelante acuerdos en contra del criterio del gobierno local.